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Al contrataque

Artur Mas sale del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya tras declarar como imputado por la consulta del 9-N

Pasar el platillo

Antonio Franco

Sorprende que apellidos como el de la familia Pujol no estén ofreciendo importantes donativos a los damnificados por el 9-N


El independentismo vive un momento duro de fianzas, multas, pagos cautelares y gastos electorales. Y lo atraviesa cuando no dispone ni de las llaves ni de las firmas para utilizar bajo su único control la caja de la Generalitat. Ante eso, se apoya en lo que aportan la ANC y Omnium Cultural, que suman más de 100.000 socios cotizantes, y estas mismas entidades pusieron en marcha en el 2014, y la reactivaron el pasado mes de mayo, una caixa de solidaritat. Su objetivo explícito es pasar el platillo para pagar los costes derivados de la actividad judicial abierta contra los delitos relacionados con el procés.

Artur Mas es la persona más comprometida en esa búsqueda de fondos, entre otras cosas por ser el principal afectado por las demandas. Para empezar, cubre personalmente (junto a Francesc Homs, Irene Rigau y Joana Ortega) los 5,1 millones de euros del coste de la consulta declarada ilegal que impulsó su Govern para el 9-N de 2014, y lo hace parcial y progresivamente a través de ayudas pero también con sus bienes personales. Mas ha dejado entrever, entre preocupado y decepcionado, que echa en falta más generosidad. Llegó a hacer por televisión un comentario que sus adversarios compararon con la histórica queja de Lola Flores cuando pidió ayuda a todos los españoles para pagar su deuda de Hacienda. «Solo con que las personas que apoyaron la independencia el 9-N ayuden un poquito, no es necesario mucho, el tema está resuelto», dijo.

No deja de tener razón en que le rodea cierta tacañería, aunque quizá debería precisarla. Desde el poder subvencionó mucho. Y ahora necesita que se demuestre la autenticidad de las amistades pasadas. Porque si las empresas que tanto apoyaron con aportaciones generosas la financiación de su Convergència no lo hacían en contraprestación a la concesión fraudulenta de obra pública, tal como sostienen desde ambos lados, tienen una buena ocasión para seguir pagando sus viejas adhesiones, aunque muchas tendrían que hacerlo desde sus nuevas sedes sociales fuera de Catalunya. Y en los casos de una relación menos inocente –el gran baile del 3%– debería funcionar el vínculo de complicidad. Sorprende, por cualquiera de las dos hipótesis, que apellidos como el de la familia Pujol no estén ofreciendo a esas cajas de resistencia importantes donativos para estimular la imitación, aunque solo sea para compensar los beneficios obtenidos en los años de la austera Ferrusola.

Siempre pagan los mismos

Pero no, ahora el dinero se pide preferentemente a la gente de la calle, a los trabajadores con alma independentista. Que pague por sus segundos de felicidad aquella gente de buena voluntad que primero creyó entender emocionada que se proclamaba la secesión y a continuación le dijeron que no. Y es que en fondo siempre han de acabar pagando los mismos. En dinero y en lo demás. Lo sabíamos y lo volvemos a comprobar. 
 

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