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ANÁLISIS

Juncker recibe a May, este lunes 4 de diciembre, en Bruselas.

El 'brexit' encalla en Irlanda del Norte

Pol Morillas

Theresa May Jean Claude Juncker han tropezado con la primera valla de las negociaciones del 'brexit'. Este lunes, en su comparecencia conjunta, debían anunciar un principio de acuerdo de cara al Consejo Europeo del 14 y15 de diciembre, donde los líderes de la Unión Europea (UE) deben evaluar si se ha alcanzado suficiente progreso en las negociaciones de salida para abordar la segunda fase del 'brexit': las relaciones entre la UE y el Reino Unido a partir del 29 de marzo de 2019, el 'B-day'.

No hubo acuerdo. Las discusiones encallaron en el estatus de Irlanda del Norte. Para la UE y para Irlanda, es fundamental que la salida del Reino Unido no se traduzca en el restablecimiento de una frontera "dura" entre Irlanda del Norte y el resto de la isla, ya que de ello depende la buena vecindad tras los Acuerdos de Viernes Santo, tanto en términos políticos, económicos como de convivencia social.

Para el Reino Unido, y en particular para los ministros más duros del gabinete de May y para sus socios unionistas de Irlanda del Norte (DUP), no cabe imaginarse un 'brexit' en el cual los distintos territorios del Reino Unido gocen de un estatus diferenciado en las futuras relaciones con la UE. Se había especulado con que Irlanda del Norte permaneciera en el mercado único y la unión aduanera tras el 'brexit', algo que aprovecharon el alcalde de Londres, Sadiq Khan, y la líder de Escocia, Nicole Sturgeon, para advertir que reclamarían un trato parecido para sus territorios.

Unidad de acción

Theresa May no tuvo más remedio que abandonar su almuerzo con Juncker para preguntar a su gabinete y al DUP si podían aceptar el término "armonización reglamentaria" como base del futuro trato a Irlanda del Norte. Se negaron en redondo. 'Brexit' means 'brexit'.  Las negociaciones, ante las cuales la UE ha demostrado una unidad de acción encomendable, vuelven a convertirse en rehén de la política interna británica, como viene siendo habitual desde que May perdió su mayoría en las elecciones de junio de 2017.

En otros dos asuntos, que en su momento también amenazaron con bloquear las negociaciones, se han hecho más avances. Por un lado, el trato a los ciudadanos británicos en la UE y de los europeos en el Reino Unido tras el 'brexit' parece encarrilado bajo la premisa de la reciprocidad. Es decir, que mientras un colectivo no sufra discriminación en el trato respecto a su situación actual, el otro tampoco lo hará. Por el otro, el gabinete de May parece estar dispuesto a aceptar la cifra aproximada de 50.000 millones de euros en concepto de factura de salida de la UE, que, recordemos, corresponde a los compromisos ya adquiridos por el Reino Unido en el presupuesto de la UE y las pensiones de los funcionarios británicos en Bruselas.

Ambas partes insisten en que "nada estará acordado hasta que todo esté acordado". En Bruselas, esta máxima se traduce en una unidad de acción inaudita en otras crisis, como la del euro o los refugiados. También ha aflorado el sentimiento de solidaridad inquebrantable hacia uno de los 27, Irlanda. En Londres, en cambio, la frase recuerda a su clase política que la cuestión europea seguirá dividiendo a la política británica mucho más allá de aquel referéndum.     

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