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Análisis

Los jugadores italianos, abatidos tras la eliminación del Mundial.

Pues yo he ganado dos cenas a costa de Italia

Emilio Pérez de Rozas

No está bien hacer llorar a Gianluigi Buffon. No está bien que uno de los más grandes futbolistas, y portero, de la historia abandone el fútbol llorando, sin poder despedirse, a los 39 años, en un Mundial. Pero yo le diría a Buffon, que he ganado dos cenas, nada, poca cosa, a costa de esa lamentable selección, que él, como mito, como nº 1, como portero (todas las alineaciones empiezan por el guardameta), lidera.

Y he ganado esas cenitas porque, como cualquier otro aficionado al fútbol, la selección azzurri es de esas que nunca pierdes de vista. ¿Por contagio? No, no, qué va. ¿Por qué es mediterránea? Tampoco, tampoco. ¿Por qué hubo un tiempo que parecía que iba a arrancar a jugar como la mejor roja? Ni siquiera eso. Yo la veía y la veré porque me da rabia que gane. Me explico: la veo, como muchas veces veo a otros equipos (no diré nombres, no hace falta, ni sería justo), porque quiero que pierda. ¡Y nunca pierde! O casi nunca.

¿Ventura, quién es Ventura?

La veía, como la vi ante Suecia, porque perseguía, porque quería, porque ansiaba (de ahí las dos apuestas con colegas y amigos), que perdiese, que se quedase, por fin, 60 años después, fuera del Mundial. Los que me aceptaron las apuestas, ni que decir tiene que saben diez, veinte, cien veces! de fútbol más que yo.

De ahí que me estrecharan la mano lanzándome a la cara (simpáticamente, claro) el comentario por el que yo siempre veo a Italia: "Emilio, estos tíos siempre están para perder, estos siempre empatan, estos inventaron el minuto noventayramos y siempre van al Mundial, se meten a regañadientes en semifinales y ¡zas! ganan el título".

Pues, ¡zas!, esta vez no les ha salido y han hecho llorar a Buffon y a millones de niños y niñas italianas. Y a muchos editores de periódicos, como La Gazzetta, a los que los paquetes que ha recolectado ese seleccionador desconocido (al menos, para mí), llamado Gian Piero Ventura, les harán perder (o no ingresar) sus buenos millones de euros, pues para toda Italia un Mundial de calcio sin la azzurra ni es Mundial ni es calcio.

El ejemplo de Italia es para añadir valor a todo lo que hacen el resto de selecciones. Porque, normalmente, siempre se suele considerar muy fácil, demasiado, que los grandes países se clasifiquen para las grandes competiciones. Ha ocurrido con casi todos, pero es que viendo jugar a esta Italia (incluso frente a España), daba pena. No tienen un solo jugador al que agarrarse. Bueno, sí, Buffon, y le hacen llorar.

Más de un seleccionador se habrá alegrado al saber que Italia no va al Mundial, pues todos ellos, fijo, piensan como mis amigos perdedores de las apuestas. Y es que dicen que los partidos de Italia (como los del Real Madrid, ¿no?) hay que dejar que pasen 10 minutos, una vez ha pitado el árbitro, para saber que han acabado. Perdiendo. O empatando. 
 

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