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LA DERIVA DEL 'PROCÉS'

Independencia de Catalunya: Carles Puigdemont y Oriol Junqueras conversan en el hemiciclo del Parlament

Puigdemont, universo delirante

Joaquim Coll

La mediación internacional es el último engaño de los dirigentes separatistas para ganar tiempo y dar una explicación no vergonzante a sus seguidores

La sesión del martes en el Parlament reflejó el universo delirante por el que circula la política catalana en esta última etapa del 'procés'. La mayoría separatista no solo liquidó de un plumazo la Constitución y el Estatut el 6 y el 7 de septiembre pasados, sino que ahora se salta sus propias leyes. Solo de esta forma Carme Forcadell pudo tomar nota de unos resultados sobre el 1-O que la autodisuelta Sindicatura Electoral no había proclamado.

Y solo así Carles Puigdemont pudo al mismo tiempo validarlos, afirmar que él personalmente asumía un mandato para que Catalunya se convierta en un Estado independiente, y acto seguido suspender una declaración de independencia contra lo que estipula la ley del referéndum y sin ninguna votación posterior de sus diputados que lo apoye. La política catalana ha entrado en un territorio delirante en el que la palabra del 'president', ejerciendo de líder supremo, se convierte en la voluntad del Parlament. 

Varias son las razones de este comportamiento autócrata del 'president' para evitar caer en el abismo. La incertidumbre económica generada por la huida de empresas es un mazazo a la viabilidad de la independencia.

Mitos destruidos

En muy pocos días se han destruido muchos de los mitos supremacistas que han envenenado el alma de los catalanes. El éxito abrumador de la manifestación constitucionalista del domingo pasado confirma además que no habrá secesión sin antes un grave conflicto civil en Catalunya. Y, finalmente, la llamada dos horas antes a Puigdemont del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, para advertirle de su completa soledad si seguía adelante con su propósito. 

Pese a la mala imagen del Gobierno español por el 1-O, el cierre de filas con Mariano Rajoy en la UE es absoluto. La mediación internacional es el último engaño de los dirigentes separatistas y sus altavoces mediáticos para ganar tiempo y dar una explicación a sus seguidores que no sea vergonzante. Llegados a este punto, solo unas elecciones, convocadas probablemente por la vía del 155, podrán librarnos de tantas mentiras y del universo delirante de Puigdemont. 

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