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tú y yo somos tres

Chenoa, en El hormiguero (A-3 TV).

Chenoa era Romeo, y Bisbal Julieta

Ferran Monegal

Hagamos, por un instante, como que la vida sigue con normalidad. Desengrasemos. Vayamos a 'El hormiguero' (A-3 TV), en donde apareció Chenoa para darnos detalles de su historia de amor con Bisbal, y de su posterior rompimiento. Sobre cómo comenzó todo, en aquella lejana 'Academia de OT', dijo: «Él estaba tumbado en una litera. Yo me acerqué y le di un beso. La iniciativa la tomé yo. Me lancé. Yo era Romeo, y David Bisbal era Julieta». ¡Ah! El público rió con ganas aquella trasposición de roles. Pero desde un punto de vista escénico no es ninguna novedad que 'Julieta' sea un pollastre. La primera representación de esta obra de Shakespeare, en el 'Courtain Theatre', alrededor de los años 1597 o 1598, el papel de 'Julieta' lo interpretaba un actor. En aquella época las leyes inglesas prohibían a las mujeres actuar en teatros. De esta aparición de Chenoa lo más interesante ha sido conocer qué recuerdo de Bisbal queda en ella en la actualidad. Advirtió: «Años después coincidimos en México. Nos miramos un momento. Fue una cosa fría», y resumió aquel instante fugaz añadiendo: «Lo vi más bajito». ¡Ahh! Qué venganza más afilada la de Chenoa. Hoy su recuerdo de Bisbal se ha reducido a la talla de pigmeo.

periodico

DESFILE Y GENUFLEXIONES .- Antes de la parada militar, en la plaza de Lima de Madrid, un presentador de TVE-1 le ha recordado a la señora Cospedal, ministra de la guerra, el artículo 8 de la Constitución, que dice que las Fuerzas Armadas deben defender la integridad territorial de España. Y le ha preguntado si el Ejército tendrá algún papel en la crisis de Catalunya. La ministra ha contestado: «Las Fuerzas Armadas están dispuestas y preparadas para hacer lo que sea menester a las órdenes del Gobierno, pero tengo la casi completa seguridad de que su intervención no va a ser necesaria». ¡Ah! Tener «la casi completa seguridad» es una formulación que, en lugar de transmitir tranquilidad, espanta.

En la recepción posterior, en el llamado 'besamanos del Palacio Real', he visto a la ministra Cospedal genuflexando frente al Rey. Me dijo una vez Peñafiel, con mucha retranca: «Yo he llegado a ver personas que ya iban genuflexas desde la puerta de entrada». Como observador he notado, a lo largo de los años, que las genuflexiones van menguando. No es el caso de la ministra Cospedal.

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