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Análisis

Concentración frente la delegación del Gobierno.

Lecciones de las revoluciones de colores

Salvador Martí Puig

La 'rebelión catalana' dependerá de la política de protesta, movilización y represión que ya se ha dado en otras zonas de Europa

Es más fácil opinar como analista sobre protestas y represión en lugares lejanos que como amigo, hijo, padre o tío cuando la tensión se da en tu barrio. Como todo el mundo sabe, el día 1-O se celebró en toda Catalunya un referéndum impulsado por el gobierno catalán y realizado gracias a una amplia red de voluntarios. Obviamente esta convocatoria no estaba ausente de polémica, pues había sido declarada ilegal por el gobierno español. La polémica (y la tensión) estaba servida: había dos legalidades enfrentadas y en medio una masa de ciudadanos que saldrían a votar.

A ello cabe añadir que durante la semana anterior la Guardia Civil detuvo a altos cargos de la Generalitat y con ello empezaron a calentarse los ánimos e iniciándose una dinámica de protestas que aún no ha cesado. Posteriormente la represión policial del 1-O, junto con las declaraciones del gobierno español y del monarca que criminalizaban a la Generalitat, han generado una tremenda sensación de agravio en la sociedad catalana. Con ello parece que el forcejo político entre los dos gobiernos no ha terminado y que una parte del desenlace pasará por lo que acontezca en la calle. 

Este tipo de dinámicas no son nuevas. Se trata de algo habitual en muchas latitudes donde, a raíz de algún episodio político de alta tensión, se enfrentan legitimidades. Cuando esto ocurre los actores en liza movilizan los recursos que tiene a disposición, que para unos son la fuerza y para otros son la gente.

Resultados variados

Este tipo de enfrentamiento nos evoca a las 'revoluciones de colores' de Europa oriental. Me refiero a la revolución Negra de Serbia del 2000, la Rosa de Georgia del 2003, la Naranja de Ucrania del 2004, la –también– Naranja de Azerbaiyán del 2005 o la Denim de Bielorrusia del 2006. Estas revoluciones se iniciaron con la celebración de elecciones contestadas que desembocaron en protestas masivas y pacíficas, y que supusieron el enfrentamiento entre candidatos que representaban regímenes diferentes. Como es sabido, algunas de ellas (las de Serbia y Ucrania) triunfaron y otras (las de Bielorusia o Azerbaiyán) no.

Su éxito o fracaso fue fruto de la combinación e intensidad de cuatro elementos: el nivel de represión y arrogancia del régimen en el poder; la unidad de la oposición y su capacidad de resistencia; la existencia de aliados externos apoyando a los opositores (básicamente la UE y medios de comunicación internacionales); y la actitud de toda la población del país hacia los manifestantes.

Hacer cálculos

No hay duda que el desenlace de la 'rebelión catalana' dependerá también de la combinación entre estos cuatro elementos. Que cada uno haga sus cálculos y saque sus conclusiones. Yo prefiero ignorar mi condición de analista y pensar como hijo, tío y amigo, y como ciudadano que ha labrado amistad con personas de muy diversa opinión. Es más, prefiero que no me (nos) consideren una pieza en un tablero de ajedrez donde se juega una batalla entre un ejército de color blanco y otro negro. Prefiero el diálogo y la variedad de grises
 

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