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Refugiados e inmigrantes subsaharianos esperan ser rescatados por Proactiva Open Arms frente a la costa de Libia.

La traición de los refugiados

Rafael Vilasanjuan

Esta es otra historia que no debería haber pasado. Sin que nadie los reclame, desde hace dos años somos deudores del acuerdo al que nos comprometimos en Europa para distribuir entre todos los países de la Unión la carga de refugiados que ahogaba a Grecia e Italia. Esta semana se cierra el plazo para dar cobijo en España a 17.000 personas: hombres, mujeres y sobre todo menores que huyen de la violencia, que lograron salvar todos los obstáculos hasta pisar tierra en Europa, pensando que aquí acababa su calvario y que poco a poco irían encontrando cobijo en el continente. Pero entre el compromiso y la realidad solo asoma la vergüenza.

¿Dónde están los refugiados? Del acuerdo a regañadientes han llegado poco mas de mil. El resto en el mejor de lo casos sigue deambulando por Grecia o encerrados en Italia; en el peor han sido devueltos a Turquía. Ahora que el Gobierno de España defiende sin reservas que no hay democracia sin cumplir la ley, tal vez deberíamos recordarle que en materia de refugiados nuestro Estado de Derecho no cumple, y lo que es peor, desgraciadamente tampoco se espera que lo haga.

Nos movemos en la ilegalidad, no solo por renegar del compromiso solidario europeo, también como firmantes de la convención internacional del Estatuto del Refugiado, que figura entre nuestras leyes. ¿Porqué España no puede acoger a 17.000 refugiados?. Es Incomprensible. Por un lado organizaciones de la sociedad civil y muchos ayuntamientos no solo reclaman la acogida, sino que se muestran capaces de proporcionarles toda la ayuda aunque el Gobierno no pusiera recursos. Luego, difícil escudarse en la crisis económica que el propio Gobierno empieza a dar por liquidada. Tampoco en la falta de apoyo. La sociedad española, de las más solidarias de Europa con el sufrimiento humano, también reclama no solo que los acojamos, sino que evitemos que sigan muriendo en el Mediterráneo.

Azuzar el miedo

El temor a los refugiados se ha azuzado desde diferentes frentes. Para algunos aumentan el riesgo terrorista, a pesar de en que ninguno de los atentados recientes en Europa, incluidos los de Barcelona y Cambrils, ha participado refugiado alguno. Pero en los países del Este europeo, desde Polonia y Hungría hasta Austria, los gobiernos no solo se han negado a cumplir la cuota, sino que han ido llenando de vallas y concertinas como las de Ceuta y Melilla todo el espacio europeo.

Hasta la UE ha renunciado a seguir pidiendo a los países que cumplan y emplea el dinero en pagar a los guardacostas libios para hacer algo que ninguno de sus países haría sin violar la ley internacional: impedir que salgan o devolver a los que lo intentan. La excusa es que así se evitan más muertes en el Mediterráneo, aunque en lo que llevamos de año 2.500 vidas han acabado en el fondo. Por eso, si aquí seguimos sin verlos, al menos no sigamos preguntándonos dónde están los refugiados. En vez de traerlos, nuestro Gobierno prefiere seguir enviándolos al infierno. Traición, si. Pero también un crimen.

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