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Geometría variable

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El choque de trenes invade la calle

Joan Tapia

El independentismo se moviliza contra los registros y la detenciones relacionados con el 1-O

El simpatizante de la ANC ni lo sabe ni tiene porqué saberlo. Pero Puigdemont, Jonqueras y Artur Mas, sí. Cuando se rompe la legalidad de un Estado de derecho (imperfecto o no) y se pretende erigir una legalidad insurreccional, como hizo el Parlament hace pocos días, se abre la caja de los truenos. La de verdad. Lo escribí el domingo: en ningún Estado pueden coexistir -más allá de unas horas o días- dos legalidades enfrentadas. No es ya cuestión de legitimidades, es que para sobrevivir una está condenada a imponerse a la otra.

Y cuando el temido choque de trenes llega a este extremo y se convierte en un combate de legalidades, vence el que detrás tiene más fuerza legal. O fáctica. Por eso la responsabilidad de quien traspasa los límites sin poder hacerlo es enorme.

Autonomía limitada

El españolismo se equivoca cuando habla de golpe de Estado porque esa es una práctica que en España solo usaron los militares. Pero Puigdemont se equivoca más cuando habla de suspensión de la autonomía por unas acciones que -por excesivas que sean- no suspenden sino que limitan la autonomía catalana y se escudan en la defensa del Estado de derecho. Claro que el fiscal general se ha excedido al inculpar a 712 alcaldes. Claro que toda detención política es condenable y que el Col.legi d'Advocats protesta con razón, pero quien rompe el orden constitucional sabe que juega con fuego.

El problema de Rajoy es que restablecer el Estado de derecho puede ser pan para hoy y hambre para mañana si la ciudadanía no lo aprueba. Lo sucedido en Barcelona este miércoles es lamentable y no presagia nada bueno. Lo único positivo es que la Generalitat rectificó en parte su insumisión y envió a Hacienda el parte semanal de gastos al que la semana pasada se negó. ¿Puede ser un primer movimiento para una paralización de la escalada que sea correspondida por Madrid? ¡Ojalá!, pero ha habido demasiada irresponsabilidad por todas partes.

Companys y la República

El 6 de octubre de 1934 Lluís Companys proclamó la República catalana y al cabo de 12 horas se rindió ante el general Batet, capitán general de Catalunya, que le amenazó con bombardear la Generalitat. Luego, el gobierno catalán -el diputado Tarradellas incluido- fue encarcelado en el barco 'Uruguay' y condenado a años de prisión. Por suerte eran otros tiempos.

A finales de los años 60, en pleno franquismo, todos los dirigentes clandestinos de ERC que conocí en el Club de Amigos de la Unesco -desde Heribert Barrera a Serra Gasulla y Jaume Casanovas, expresidente de La Falc- sabían que Companys se equivocó al rebelarse contra el gobierno de la República.

No sé qué dirían hoy. Pero entonces la historia acabó así: el general Batet, al que Companys se rindió, fue fusilado por Franco en Burgos en 1937; Companys fue detenido en Francia por la Gestapo y fusilado por Franco en 1940; y Alejandro Lerroux, el Rajoy de entonces, solo pudo regresar del exilio argentino en 1947.

Hoy no hay Gestapo, y Europa y España son muy diferentes. Pero el enfrentamiento civil no solo no es sensato, sigue siendo suicida

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