Ir a contenido
El presidente de la Comision Europea Jean-Claude Juncker preside el debate del estado de la Union en Eurocamara en Estrasburgo.

La tediosa solidez del capitán Juncker

Carlos Carnicero Urabayen

Olvídense de los fuegos artificiales, de los clips virales que inundan los Facebook y WhatsApp de los jóvenes y no tan jóvenes. El debate del Estado de la Unión no ha producido ni una sola escena de corte hollywoodiense para recordar lo que aquí se celebra: nada más y nada menos que la victoria de la Unión Europea sobre su peor amenaza -el populismo xenófobo que planeaba destruirla en 2017- y los planes del presidente de la Comisión para que la Unión Europea sin Reino Unido siga mereciendo la pena.

Jean Claude Juncker no es Macron. Tampoco se parece al canadiense Trudeau. Vive alejado de las formas de su dicharachero compatriota -y bastante más anónimo- primer ministro de Luxemburgo, Bettel. Estos nuevos líderes han entendido la importancia de la comunicación y las redes sociales para dominar en la nueva política y atraer a los jóvenes; han sido habilidades clave para tocar la fibra emocional de los electores y vencer al populismo.

Juncker vive ajeno a ese mundo. Tiene 62 años y lleva décadas curtiéndose en toda clase de reuniones y responsabilidades en la Unión Europea; al frente de Luxemburgo, del Eurogrupo y ahora de la Comisión Europea. La euroresistencia a prueba de bombas -del presidente y de la nave que pilota- se nutre de reuniones en salas grises, café malo y probablemente otros brebajes. Son muchos años.

"He trabajado,  vivido, luchado, sufrido y agonizado por la Unión Europea, pero nunca he perdido mi amor por ella". Se trata desde luego de la clase de amor de los matrimonios más viejos y sólidos. Experimentan poco. Duran mucho. Quizás representan la solidez que necesitaba la Unión para sobrevivir en este mundo loco que tiene a Trump en la Casa Blanca. No es casualidad que los alemanes estén a punto de elegir de nuevo a Merkel tras 12 años de insípido ejercicio de poder sólido.  

Mejor reformar que destruir

Aburriendo, sí, pero sosteniendo el timón de Europa en su peor tempestad, Juncker cree que ahora que el pegamento del 'brexit' y Trump ha convencido a los ciudadanos europeos que es mejor reformar Europa que destruirla, es el momento de avanzar, no retroceder. Tomemos nota: mecanismos para acelerar la entrada de los países restantes en la zona euro; acceso de Bulgaria y Rumanía a la zona Schenghen; un ministro de Economía y Finanzas para la UE con presupuesto propio; fusión del puesto de presidente de la Comisión Europea y Consejo Europeo; más acuerdos comerciales (Australia y Nueva Zelanda en el horizonte) y mecanismos para protegernos de inversiones extranjeras que amenacen sectores estratégicos.

Juncker terminará su mandato en 2019. Las elecciones europeas traerán después un nuevo presidente que quizás sea más joven y ojalá tenga la capacidad de conectar empáticamente con los ciudadanos. Hasta esa fecha, sólo una piedra en el camino le quita de verdad el sueño: la insurrección más o menos explícita que los gobiernos populistas de Polonia y Hungría están llevando a cabo contra la UE. Evitar otros 'brexit' en el Este ha inspirado precisamente su discurso. 

0 Comentarios
cargando