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Imagen de la información publicada por La Derniere Heure sobre Abdelbaki Es Satty, el imán de Ripoll.

Apuntes para la formación de imanes

Jordi Moreras

Tras el atentado en enero de 2015 contra la redacción de la revista Charlie Hebdo, el politólogo Olivier Roy afirmó con rotundidad que en Francia no existía una comunidad musulmana, sino una población musulmana. Con ello quería mostrar el fracaso del Estado francés tras más de 25 años queriendo construir un islam francés. En España también se cumplen 25 años de la firma del Acuerdo de 1992 con la Comisión Islámica que marcaba el inicio de la institucionalización y reconocimiento del notorio arraigo del islam en la sociedad española. Por último, Catalunya, a través de la Direcció General de Afers Religiosos creada el año 2000, sin haber definido una política concreta en relación al islam, sí ha llevado a cabo acciones relacionadas con el colectivo musulmán.

En un momento u otro, los representantes de estas tres administraciones han planteado la necesidad de potenciar un islam francés, español y catalán, respectivamente. Es esta la prioridad de muchos otros gobiernos europeos, que pretenden conseguir la naturalización de un islam acorde a cada escenario nacional y, por tanto, conjurar el miedo hacia un islam desubicado y expuesto a las influencias externas. La emergencia del llamado 'homegrown terrorism' ha puesto en evidencia las limitaciones de la simple naturalización del islam como realidad europea, mostrando que la clave se encuentra en la manera en que se gestionan las pertenencias.

Formación

En el modelaje de este islam maleable a cada realidad nacional, la formación de los imanes ha jugado un papel central, y esta pregunta siempre ha aparecido tras una acción terrorista. En Francia esta cuestión está lejos de estar resuelta: a pesar de que existen diferentes instituciones superiores de formación religiosa para imanes, que reciben un mayor o menor reconocimiento por parte de la administración francesa, el hecho es que el 85% de los imanes que ejercen en Francia siguen siendo contratados en el extranjero. Se estima que en España la situación sea igual, pues no se conoce el perfil de los imanes que ejercen en los 1.532 lugares de culto islámicos existentes en la actualidad, con la salvedad de que aquí no hay instituciones educativas que estén formando a imanes.

A principios de la década de los 2000 en Catalunya se generó un estado de opinión que forzó la necesidad de llevar a cabo una formación para imanes. Y así se hizo desde 2002 a 2012, ofreciendo una formación de aprendizaje del catalán, a la que se añadieron progresivamente otros elementos relacionados con la historia, el derecho y las instituciones públicas catalanas, primero para imanes y posteriormente para otros líderes de comunidades religiosas minoritarias.  Antes como ahora, la exigencia de formar a imanes, se topa con dos evidencias fundamentales: la divergencia entre lo que se espera que hagan los imanes entre las comunidades musulmanas y la sociedad catalana, y la precariedad crónica y estructural en la que se encuentran instaladas estas comunidades que siguen seleccionando de forma poco adecuada a sus imanes, y a los que no siempre les pueden ofrecer unas condiciones laborales dignas.

Aviso en el 2007

Estas dos evidencias ya fueron señaladas en 2007, en el informe que redacté por encargo de la Fundació Jaume Bofill, y en el que se incluían una serie de recomendaciones sugeridas por la veintena de expertos que participaron, la mitad de ellos miembros de comunidades musulmanas catalanas.

En aquella reflexión colectiva se planteó que era fundamental que toda iniciativa formativa dirigida a estas figuras religiosas fuera definida sobre la base de las necesidades que tenían las propias comunidades musulmanas. Para ello, era necesario proceder a una redefinición de las funciones de los imanes, comprendiendo la complejidad de su ejercicio pastoral en un contexto no musulmán. Era y sigue siendo importante, recuperar el bagaje formativo y de experiencia aportado por los imanes, ya que en el debate general se favorece la idea de que éstos no están preparados.

Existe un variado espectro de formaciones, de competencias y de habilidades, que se orientan bajo un perfil de autoridad tradicional, poco dado a contextualizaciones y desarrollos teológicos. El problema es el encaje de esta formación y experiencia en el contexto de la sociedad catalana, y la formación que se proponga debe de ir en esta dirección.  De momento, hay que descartar la idea de que la formación evitará la importación de imanes del exterior, pero sí tiene que procurar que su función sea mucho más contextualizada que hasta ahora.

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