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IDEAS

Jordi Puntí, en la librería Laie.

El sombrero de Jordi Puntí

Miqui Otero

Explicaba Billy Wilder que cuando estaban varados con el guión de 'Ninotchka', porque no sabían cómo mostrar de forma plástica y breve que la protagonista soviética había caído bajo el hechizo del capitalismo, Ernst Lubitch salió del baño y gritó: "¡Es el sombrero!"

La historia del sombrero tiene tres actos. Ninotchka lo ve por primera vez en un escaparate del Ritz, acompañada de sus tres cómplices bolcheviques, y dice: "¿Cómo puede sobrevivir una civilización que permite a las mujeres llevar eso en sus cabezas?" Más adelante vuelve a observarlo y emite un sonido ambiguo: "ch, ch, ch". La tercera vez, ya sin sus acompañantes, abre un cajón y lo saca. Y se lo pone.

Wilder llama a esa forma elegantísima, cómica y económica de resolver una trama 'El Toque Lubitsch'. Y aunque esto no es América y nuestras letras no son el Hollywood de la Metro, si alguien conserva esa rosca sutil aquí es Jordi Puntí. En los relatos de su último libro todos los personajes se mueven, en autoestop, en crucero, con una canción. Y el sombrero de Ninotchka puede ser un tema de Orange Juice, un maletín misterioso o un riñón pendiente de ser donado.

Escribió Vonnegut que en un buen relato "todos los personajes deben desear algo. Aunque sea un vaso de agua", y en 'Això no és Amèrica' todos lo desean con mucha intensidad y poco aspaviento. Algunos lo que desean es no desear, que es otra forma de decir que querrían olvidar lo que han deseado y perdido. Para ello, uno de los personajes camina por el paseo de Sant Joan escribiendo con sus pasos el nombre de su novia muerta. Dada mi congénita desorientación, si yo hiciera eso acabaría escribiendo alguna palabra en cirílico, pero desde que he llegado aquí busco en Nàpols con Gran Via el bar de la timba de 'Maletes Perdudes', rondo Joanic y bajo Sant Joan trazando una I, la última de Jordi y Puntí.

El Toque Puntí es 'mar i muntanya', biblioteca y calle; el relato te mira con ojos de animal triste y no sabes si para reír o llorar

En el último relato enuncia que hay dos tipos de narradores: los pescadores y los cazadores. El Toque Puntí es mezcla de ambos, 'mar i muntanya', biblioteca y calle, y, sea cual sea la pieza capturada, el relato se te queda mirando con ojos de animal triste: nunca sabes si titilan para encenderse o apagarse, para reír o llorar. Y a ti te pasa lo mismo.

Puntí es como Busquets, que cuando da un pase no solo sabe qué pasará sino también qué habría sucedido si hubiera mandado el balón al otro extremo (sabe, incluso, cómo ese pase hipotético influiría en la salud sexual del otro jugador o en su declaración de la renta): es decir, sabe mirarse y sabe mirar, sabe transcribir la realidad pero sabe fabular a partir de ella. Sabe, en definitiva, entender este mundo porque sabe crear pequeños mundos y también sabe que el azar desordena la vida pero ordena la ficción.

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