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ANÁLISIS

Recarga de un coche eléctrico en el Salón de Fráncfort.

Los grandes anuncios de Fráncfort y la realidad

Julian Arenas

El reciente inaugurado Salón de Fráncfort ha puesto el foco en la implementación definitiva del vehículo eléctrico. Así, fabricantes como Tesla, hace unos días reiteraba su apuesta por el mercado español desde Barcelona; Volkswagen ha anunciado una inversión de 20.000 millones de euros para convertirse en el líder de la producción de vehículos eléctricos; China quiere seguir los pasos de Noruega, Holanda, Francia e Inglaterra y ya ha empezado a andar hacia la reglamentación que posibilitará la transformación de la potente industria china en una industria eléctrica del automóvil. Son buenas noticias, muy buenas noticias pero, cuidado ya que por ahora sólo son anuncios con un calendario a medio plazo. En cualquier caso la implementación definitiva del vehículo eléctrico nadie la puede situar antes del 2030 y en algunos casos, más allá del 2040.

Esta apuesta firme por la electrificación de la movilidad plantea pero todavía muchos interrogantes. Por un lado hay que ver si realmente la infraestructura eléctrica puede dar respuesta a consumos generalizados de coches eléctricos. Por otro lado, hay que preguntarse si el usuario actual será el mismo que el usuario que requiere el vehículo eléctrico y las ciudades del futuro y, por último, también hay que plantearse qué pasa con el resto de iniciativas que se están implementando en el entorno de otras fuentes de energía, como se el caso del Gas Natural Licuado (GNL) y el Gas Natural Comprimido (GNC).

No será tan fácil encajar los planes y las voluntades de los fabricantes con las realidades sociales y urbanas de los países y de las ciudades y en este sentido, hace falta todavía hacer mucho recorrido en políticas de diseño urbano, en políticas de hábitos de movilidad, en políticas de inversiones por parte de las compañías energéticas y en políticas que impulsan verdaderamente la adquisición de este tipo de vehículos. Y por ahora no parece que todo el mundo vaya a la misma velocidad y ni en la misma dirección. Y mientras países como Noruega encabezan esta apuesta, (un 40% de vehículos noruegos ya son eléctricos), el resto todavía está muy lejos.

El Salón de Fráncfort puede haber sido un impulso definitivo hacia el vehículo eléctrico pero a la vez se tiene que interpretar sólo como un pistoletazo de salida para lograr los objetivos y, en cualquier caso, se tiene que visualizar como una realidad que no veremos como mínimo en dos décadas. Esto significa sin embargo que tenemos por delante el tiempo suficiente para coordinar y convencer todos los agentes implicados (administraciones, poder legislativo, energéticas, fabricantes, ciudadanos...), para generar acciones conjuntas que realmente nos lleven en la misma dirección. No hacerlo así podría significar el caos, en el sentido de tener un mercado sobresaturado de vehículos eléctricos y unas ciudades y unos países absolutamente deficitarios para dar respuesta a estas nuevas realidades. 
Podemos estar muy contentos de los anuncios de estos días pero a la vez hay que tener los pies en el suelo y no pensar que ya está todo logrado porque en realidad, está todo por hacer.
 

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