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Josep Lluis Trapero, Mayor de los Mossos d?Esquadra, durante su comparecencia en ruada de prensa.

Transparencia

Albert Sáez

El 'major' Trapero ha dado una lección de gestión de la información tras los atentados de Barcelona y Cambrils

El jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, ha emergido como una nueva estrella de la comunicación corporativa. Su voz grave, su tono sereno, su sensatez en el momento de desmontar tópicos ("la inmensa totalidad de las personas van a las mezquitas a rezar"), su prudencia ("hemos detenido, abatido o identificado a las 12 personas que buscábamos, no puedo decir si los hemos desarticulado") y, especialmente, su ejercicio de transparencia (dos ruedas de prensa diarias desde el jueves sin traficar con la información con los medios) le han merecido la admiración de la ciudadanía, el respeto de sus colegas policías dentro y fuera de los Mossos, y diría que la simpatía de la prensa tanto local como internacional. Trapero ha transmitido aplomo y no le ha importado rectificar cuando ha hecho falta como en el áun controvertido episodio del control de la Diagonal que acabó con la muerte de Pau Pérez en Sant Just Desvern. Eso da seguridad a la ciudadanía. Trapero no se merece que le conviertan en un héroe solo los indepes, se ha ganado el respeto de todos y también el de la ciudadanía que seguirá siendo igual de exigente con su policía como lo ha sido en casos como el de Ester Quintana o de Juan Andrés Benítez. Tiempo habrá de que en las instancias que toquen, Trapero explique los meses anteriores a los atentados, los protocolos aprobados, las pesquisas de la mañana del jueves en Alcanar o el operativo sobre el terreno en La Rambla o en Cambrils. Se le pedirá la misma transparencia que ahora ha exhibido porque la era digital es esencialmente transparente respecto al poder.

Con todo, la salida del armario de Trapero como responsable último de la policía catalana debería servir también para que tanto sus jefes políticos como la oposición y el conjunto de la opinión pública traten a los Mossos con el mismo respeto -sin abandonar la exigencia- que lo hacen con el resto de cuerpos de la seguridad del Estado. Ello exige también más transparencia por parte del propio Govern que no debe intentar ni apropiarse ni condicionar la actuación de los profesionales. Y también de la oposición, que a menudo los mira como si fueran militantes del partido que gobierna. Más transparencia es igual a más exigencia. 

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