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Anna Gabriel muestra, ayer, el cartel de la CUP en Barcelona. A la derecha, la ilustración.

¿Locomotora o coche escoba?

Toni Aira

Al acercarse una cita con las urnas, los partidos madre animan a sus juventudes a elevar la nota

¿Un cartel con una mujer (no un hombre) barriendo es heteropatriarcal? Si lo hubiese hecho algún otro partido, seguramente sería acusado de eso, pero como lo ha hecho la CUP, aquí paz y después gloria. Al fin y al cabo, aunque el cartel recuerda a aquel revolucionario ruso que rezaba 'El camarada Lenin barre la porquería del mundo', no supera en impacto mediático y en énfasis postureico lo de sus juventudes contra buses turísticos. Un proceder, el de Arran, que lleva al extremo lo que la mayoría de juventudes han pasado a ser: un acento, un recordatorio enfático, para consumo de los más convencidos de cada casa.

Las juventudes de los partidos en Catalunya pasan desapercibidas para el común de mortales la mayor parte del tiempo y se sabe que condicionan poco a sus mayores. Pero al acercarse una cita con las urnas, sus partidos madre acostumbran a animarlas a elevar la nota. A hacer en algunos casos jaimitadas, y en otros a optar por algún lema o iniciativa fuera de lo usual y que marque perfil como no lo pueden hacer los adultos de la casa.

La Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC) tira en los últimos tiempos del lema 'On the way' (de camino), que recuerda a aquel 'Freedom for Catalonia' que algunos actuales ilustres del PDECat (entonces de las juventudes de CDC) defendieron durante los años olímpicos. Independentismo que apela a la mirada internacional, y en positivo. De hecho hasta montaron al pasado julio el 'On The Way Fest', con música en el Parc del Fòrum.

Barrer para casa

Aunque para cita musical, la que organizan las JERC desde 1996: la Acampada Jove, este año bajo el lema 'Viu la llibertat!'. Miles de jóvenes, en clave festiva y de reivindicación política. Pero también en positivo, como sus ahora socios en Junts pel Sí, y a diferencia de la opción de los jóvenes de la CUP cara al 1-O, que superlativizan lo que sus mayores también defienden: algo más que la independencia. En definitiva, como en la mayoría de casos, no en clave de locomotora que arrastra a sus mayores, sino como coche escoba que mira de barrer para casa, intentándolo como los partidos no lo pueden hacer.

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