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IDEAS

Caja inútil.

De cajas inútiles

Jordi Puntí

Uno de los momentos más irritantes que hoy podemos ver en televisión es el anuncio que patrocina el tiempo en el canal 3/24. Todo es insoportable: la musiquita, la voz que nos trata como niños y dice: "¿Qui us ofereix el teeeemps?", y sobre todo esa máquina que aparece. Imposible de olvidar: un dedo pulsa un interruptor que abre una trampilla, de donde sale un dedo mecánico que pulsa el interruptor para volverla a cerrar, y así todo el rato, en un bucle infinito.

El problema del anuncio es el ritmo frenético de la máquina -abrir, cerrar, abrir, cerrar-, que impide apreciar la poética del artilugio. Resulta que este tipo de máquinas, también conocidas como cajas inútiles, nacieron como esculturas futuristas para cuestionar el dominio creciente del mundo mecanizado. En los años 30, el artista italiano Bruno Munari diseñó varios modelos que no servían para nada, pero eran curiosos. En la misma línea, en 1952 el científico Marvin Minsky, un pionero en inteligencia artificial, creó la máquina 'Déjame estar solo' --que es la que aparece en el 3/24.

La prueba de que esta máquinas pueden ser misteriosas está en el tercer capítulo de la nueva temporada de 'Fargo' (Movistar Plus). Ahora mismo 'Fargo' es probablemente la serie más brillante, y su creador Noah Hawley escribe con una libertad única. Este tercer capítulo funciona casi como una historia cerrada: Gloria, la detective protagonista, viaja a Los Ángeles para seguir la pista de su padrastro, asesinado hace poco. Sabemos así que de joven era un escritor de ciencia ficción, con una novela de éxito, que probó suerte en Hollywood (y fracasó). Luego lo dejó todo, cambió de nombre y, es un decir, rehízo su vida. Gloria se instala en un motel y, mientras lee la novela, protagonizada por un robot que se llama Minsky (guiño histórico), va investigando la juventud de su padrastro. La primera noche, en un rincón de su habitación del motel, encuentra una caja inútil que alguien ha olvidado. Pulsa el botón, se abre la portezuela y sale un dedo mecánico que pulsa de nuevo el botón para cerrarla. Todo es lento, extraño, y pronto entendemos que en ese mundo el pasado se resiste a abrirse. Nada que ver con ese horror del 3/24.

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