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Análisis

Colas en el aeroùerto del Prat.

El éxito de una trampa

Jordi Mercader

El conflcito se va a envenenar más de lo que estaba por la pérdida de confianza entre negociadores y mediadores

Buena jugada la del comité de empresa de Eulen para cargarse la propuesta nacida de la mediación de la Generalitat. Introducir dos variantes salariales más ventajosas para los empleados en una votación convocada para decidir si se aceptaba o no una propuesta ya asumida por la empresa era una garantía de que esta no sería aprobada. Una trampa que deja a los dirigentes sindicales como habilidosos negociadores pero les retrata en su escasa consideración por los rehenes de su huelga: unos usuarios que, en general, han demostrado un gran respeto por sus reivindicaciones laborales a pesar de los inconvenientes y las pérdidas económicas que se les están infligiendo.

Los vigilantes del aeropuerto de El Prat no son tontos, claro, prefieren un aumento de 250 euros por 15 pagas a uno de 200 euros por 12 pagas. Pero resulta que la propuesta que votaron no estaba encima de la mesa ni por parte de la empresa ni por parte del mediador. Es casi como volver a empezar la negociación de un conflicto laboralmente muy justificado pero que a partir de esta maniobra se va a envenenar más de lo que ya estaba por la pérdida de confianza entre negociadores y mediadores.

En estas circunstancias, el laudo arbitral de obligado cumplimiento por ambas partes debería ser una urgencia para acabar con un espectáculo insoportable, una ratonera en la que miles de ciudadanos se ven atrapados a diario. Mientras no se llega al laudo, todo apunta a que la Guardia Civil deberá asumir los controles de seguridad que los empleados de Eulen abandonarán de forma indefinida a partir del lunes.

UN DESPROPÓSITO DESCOMUNAL

La conspiración del Estado contra el aeropuerto de Barcelona, que para algunos estaba detrás de este conflicto laboral para hundir el prestigio internacional de Catalunya, parece ser en realidad un despropósito descomunal, alejado de la política y muy concentrado en unos actores ya populares. Eulen, una concesionaria millonaria con reconocida experiencia internacional, y AENA, un licitador semipúblico con 1.164 millones de beneficio en el pasado ejercicio, necesitaron una semana de huelga para aceptar que las condiciones laborales de los vigilantes son insostenibles. Ahora, unos dirigentes sindicales que habían conseguido hacer comprender la injusticia en la que trabajaban sus representados obtienen un acuerdo en la mediación que alcanza más o menos la mitad de su reclamación económica inicial, pero ante la posibilidad de que este sea aprobado por la plantilla para acabar con el viacrucis de los viajeros se aseguran la derrota de la oferta proponiendo una votación con cuatro opciones.

Tal vez el laudo conceda a los vigilantes de El Prat una mejora salarial como la que hoy han reclamado mayoritariamente, incluso puede ser que Eulen acceda a última hora a todas sus peticiones ante la amenaza de huelga indefinida y podrán felicitarse por la victoria total. Lo que quizá no recuperen tras el éxito de la trampa sindicalera de esta jornada sea la comprensión de los afectados, su instrumento de presión, sus aliados más preciosos.

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