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Reto independentista

Marcha del Cambio organizada por Podemos en el año 2015.

¿Por qué Rufián no quiere que echemos a Rajoy?

Pablo Echenique

El cambio en España no solo es posible, sino que nos acerca a ese futuro más justo para Catalunya

El independentismo catalán tenía un discurso redondo hasta que llegó Podemos.

"España es irreformable", decían. "En España gobierna un partido fundado por ministros de la dictadura", recordaban con acierto. "La gente en España no quiere cambio", repetían incluso, olvidando que el 15-M empieza en Madrid. "Los partidos españoles no entienden Catalunya y nos maltratan", explicaban en los mítines… y tenían bastante razón. "Por eso, no queda otra: nos tenemos que ir", concluían, cerrando así un círculo argumental perfecto.

El problema surge allá por el 2014, cuando, de repente, pasa algo en las elecciones europeas. En un terremoto político sin precedentes, el pueblo español (y también el pueblo catalán) dicen alto y claro que España sí puede cambiar.

De repente aparece Podemos –que más tarde se convertiría en Unidos Podemos y sus confluencias– y el círculo argumental perfecto del independentismo catalán deja de ser perfecto.

Derecho a decidir y fraternidad

No solamente se demuestra que puede haber cambio en España, es que además y por primera vez en nuestra democracia hay una fuerza de ámbito estatal que reconoce valientemente el derecho a decidir del pueblo catalán y lo hace desde la fraternidad. Una fuerza política que gana las elecciones generales (dos veces) en Catalunya mientras es segunda fuerza en Madrid.

Esto explica por qué a una fuerza política progresista como ERC le ha sentado tan mal un CIS que dice que estamos más cerca de echar a Mariano Rajoy de la Moncloa. Esto explica por qué ERC insiste públicamente en que construir una moción de censura y un gobierno alternativo al PP es imposible, aunque Rajoy tenga 170 votos atados en el Congreso y 180 sin atar.

Para que el círculo argumental del independentismo catalán siga siendo perfecto, hace falta que Rajoy sea invencible y España irreformable. Si esto falla, el círculo se rompe.

Por eso, cuando Gabriel Rufián, al que respeto y admiro, dice en una entrevista que "a Pablo Iglesias no le va bien lo que pasa en Catalunya", lo que realmente quiere decir es que (en el sentido electoral y discursivo) a él no le va bien la posibilidad de que haya cambio en España. Sin embargo, Rufián sabe que –aunque pueda ser negativo electoralmente para su partido– el cambio en España no solo es posible, sino que además nos acerca a ese futuro más decente y más justo que me consta que él (como nosotros) desea para Catalunya.

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