Ir a contenido
El jefe negociador británico del brexit, David Davis (izquierda), y el europeo, Michel Barnier, en el inicio de las conversaciones, el 19 de junio en Bruselas.

El reloj avanza en medio del desbarajuste

Rosa Massagué

Tic tac. El tiempo va pasando. Ayer se abría en Bruselas la segunda ronda de negociaciones para el ‘brexit’. En Londres, los diputados se han ido ya de vacaciones hasta octubre. Políticos retirados reaparecen para defender una segunda oportunidad en la que los británicos voten sobre la UE. Tony Blair, por ejemplo, es uno de ellos. En su opinión, si Bruselas hace concesiones sobre la libre circulación de las personas, se podría plantear un nuevo referéndum cuyo resultado sería favorable a la permanencia.

El exprimer ministro laborista parece olvidar que la actual relación entre su país y la UE está llena de excepciones, algunas, negociadas por él mismo y otras, demasiadas, por el conservador David Cameron con el objetivo de evitar precisamente el referéndum del pasado año que arrojó el fatídico resultado que ahora, con toda la razón, tantos lamentan. Al Reino Unido quizá le convengan las prerrogativas, pero la Unión no puede ni debe crear más situaciones que generen agravios comparativos.

El debate sobre la negociación del ‘brexit’ se está desarrollando con una estrepitosa falta de seriedad en el Reino Unido. La mayor manifestación del desbarajuste sobre la UE la está dando el propio Gobierno. Theresa May saldrá hoy a decir a su gabinete que basta ya de filtrar a la prensa las desavenencias que hay entre los ministros sobre la cuestión, entre los partidarios del ‘brexit’ duro y aquellos que están dispuestos a sabotearlo. No debe correr my buena sangre, por ejemplo, entre el ministro de Finanzas, el sibilino Philip Hammond, y el de Exteriores, el grosero Boris Johnson.

Si estas diferencias son malas para la negociación, son aún peores para la propia May, porque lo que en realidad están haciendo sus ministros es ir tomando posiciones cara a la sucesión de una líder debilitada y, ya sabemos, porque la historia nos lo ha contado, que en el Partido Conservador siempre hay un Bruto (o varios) dispuesto a empuñar y usar una daga contra el César de turno en pleno mandato. Es posible que el arma blanca esté afilada cuando los efectos negativos del ‘brexit’ sobre la economía ya sean bien evidentes. Mientras, el reloj va avanzando. Tic tac. 

0 Comentarios