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LARGO PLAZO

España, país de ladrillo

Olga Grau

El plan de carreteras de Rajoy y la resurrección de Metrovacesa nos devuelven al pasado

Es como tener un déjà vu una década después. Mariano Rajoy reunió el viernes a los grandes del ladrillo Florentino Pérez, de ACS, Esther Alcocer Koplowitz, de FCC, y los consejeros delegados de Ferrovial y OHL, Íñigo Meirás y Tomás García Madrid, entre otros, para anunciar un manguerazo de 5.000 millones de euros para construir carreteras en España. Vuelve la obra pública con un sistema público-privado, es decir, primero adelantan el dinero las constructoras y después el Gobierno les va devolviendo el anticipo en 30 años conforme se vayan usando las vías. 

La fórmula permite no incrementar el déficit este año ni el siguiente (el Gobierno se compromete a pagar a futuro, no ahora) y dar aire a las empresas que con los papelitos de futuro pago que les darán el Estado y el Banco Europeo de Inversiones (BEI) con el sello del plan europeo Juncker podrán obtener financiación bancaria. 

La noticia supone un revulsivo importante para los líderes de la obra pública en España, ACS, OHL, Ferrovial y FCC, tras un año en el que las adjudicaciones se recortaron a 1.323 millones, frente a los 2.355 millones del 2015 por la necesidad de cumplir con el objetivo de déficit.

En la teoría keynesiana, el regreso de la obra pública es positivo porque supone insuflar vida a la economía generando creación de empleo. De hecho, durante toda la crisis los detractores del austericidio han defendido la necesidad de una especie de Plan Marshall europeo.

Lo que no contempla la teoría económica clásica del estímulo económico son las «disfunciones» que se han producido en España. Los nombres de los grandes del ladrillo que se han fotografiado con Rajoy son los mismos que aparecen en la mayoría de los sumarios de casos de corrupción que afectan a los partidos políticos en España. La financiación irregular a formaciones políticas, especialmente al PP, a cambio de adjudicación de obra pública, ha sido la práctica habitual en un país que se ha excedido en la inversión en infraestructuras. El legado de autopistas radiales quebradas, aeropuertos vacíos y kilómetros de AVE que nunca serán rentables no sería del gusto de Keynes por más que hubiera generado empleo.

La resurrección de Metrovacesa de la mano de los bancos acreedores, que pretenden sacarla a bolsa en el 2018, vuelve a agitar fantasmas. La construcción y el inmobiliario, en su justa medida, son necesarios en la economía, porque hacen falta carreteras bien mantenidas y pisos en los que vivir. Pero la sombra de la connivencia del poder político con estos dos sectores todavía es alargada. Y nadie ha asumido las consecuencias. Por eso hay fotos que generan sarpullido cutáneo.

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