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«Voy al restaurante y hay tres imputados al lado»

Mauricio Bernal

Irma Ferrer es el azote de los corruptos en Lanzarote. Dejó en su día la pancarta y se puso la toga para luchar contra la corrupción urbanística

En su Arrecife natal, Irma Ferrer se crió en una cultura de respeto al medio ambiente que la marcó para siempre. «El territorio es un bien común y merece una explotación social», dice hoy en día. Estudió Derecho en Tenerife y empezó colaborando con organizaciones ecologistas de Lanzarote, pero pronto -vericuetos de la vida de por medio- acabó metida de lleno en la lucha contra la corrupción urbanística. Abogada de Transparencia Urbanística y de Acción Cívica, ha ejercido la acusación popular en algunos de los casos más graves destapados en los últimos años en Lanzarote, y fue una de las invitadas estrella del curso de verano 'Alertadors de la corrupció' que la Oficina Antifrau de Catalunya y la Universidad Menéndez Pelayo llevaron a cabo en Barcelona hace unos días.

-¿Cómo empezó exactamente? ¿Se vio arrastrada por la realidad?

-Algo así. Yo trabajaba con el tejido asociativo de la isla, básicamente en temas de ecología. Pero entonces, a través de mi marido y de amigos que trabajaban allí, supe que 'Cuadernos del Sureste' estaba buscando abogados porque la justicia les había secuestrado un número…

-¿Secuestrado un número? ¿Por qué?

-Por un pequeño dosier que habían publicado sobre corrupción. Yo me ofrecí voluntaria sin dudarlo; a partir de entonces enterré la pancarta, me puse la toga y empecé a trabajar en casos de urbanismo criminal, que es el que se ha practicado en Lanzarote.

-¿Urbanismo criminal?

-El que genera pobreza, hambre y muerte. En Lanzarote no hay tanatorio, no hay piscinas públicas, no hay tratamiento contra el cáncer, ¿por qué?, porque todo el dinero se ha ido a los bolsillos de particulares.

-Hábleme de un caso paradigmático, para entender.

-Para mí, el 'caso Yate' es el paradigma. Estamos hablando de 44 hoteles ilegales en la isla. ¡Cuarenta y cuatro! Hoteles de 900, de 1.000 plazas. Se dictó sentencia en marzo, es decir que ahora mismo hay 44 hoteles que funcionan sin licencia en Lanzarote.

-'Caso Yate', 'caso Unión', 'caso Montecarlo', 'caso Costa Roja', 'caso Jable'... Muchos casos y poca prensa, me da la impresión.

-En la isla sí, en la península no. No somos la isla: somos la isla de la isla, y lo que ocurre allá interesa poco, por desgracia. Son escándalos como para ir en portada de los medios nacionales, pero hay que tener en cuenta que muchos de esos hoteles y cadenas hacen publicidad en esos medios.

-A veces una isla es como un pueblo: todos se conocen. Hacer lo que usted hace…

-Sí: voy a comprar el pan y en la cola hay un imputado, voy al restaurante y hay tres imputados comiendo al lado. Por supuesto, ningún empresario de la isla cuando necesita los servicios de un abogado viene a mi despacho. Ha cambiado mucho, la isla.

-¿A qué se refiere?

-A que era una isla pobre de gente sin educación donde el dinero un día empezó a entrar a mansalva. Nos vino sin tener formación para manejarlo. Pasamos del camello al Mercedes de un día para otro, y no exagero.

-En otra entrevista decía que la gente en la isla calla.

-La gente ha callado en parte por miedo y en parte, hay que decirlo, porque querían una parte del pastel. No todos, evidentemente. Es una isla donde conviven el servilismo y el caciquismo. La gente vive a la vez obnubilada y atemorizada ante el poder.

-¿Y usted? ¿Cómo vive esta lucha?

-Mire, a mí la injusticia me produce asco, yo de los juicios salgo vomitando…

-¿Literalmente?

-Literalmente. Me dan asco físico. Y me niego a darles la mano a los abogados que defienden a la mafia. No los considero compañeros.

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