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EL DRAMA DE LOS DESPLAZADOS

¿Dónde están los refugiados?

Rafael Vilasanjuan

El dinero europeo se emplea en pagar a los guardacostas libios para impedir que salgan o devolver a los que lo intentan

Aunque miremos hacia otro lado, la crisis no cesa. El número de desplazados como consecuencia de conflictos, violencia y abusos nunca había sido tan abultado, al menos desde que se tienen estadísticas. Más de 65 millones de personas han sido forzadas a dejar atrás sus casas, su país y parte de su familia: toda su esperanza. Más de la mitad son menores. Para millones de personas que no intuyen un horizonte posible de regreso, la posibilidad de existir está cada vez mas lejos de sus casas. Para algunos ya solo queda Europa y aunque aquí se encuentren con las puertas cerradas, no renunciarán a recorrer el camino del infierno.

Libia es el camino. Desde que Europa decidió pagar, con dinero de todos, la fuga hacia Grecia por Turquía, no hay otra. En lo que llevamos de año, la ruta que une Libia con Italia ya ha aumentado su tráfico y eso que el calor y el buen tiempo empieza ahora. Pero mientras el sistema de acogida italiano se colapsa, el resto de Europa, salvo Alemania y Suecia, sigue guardando silencio o mirando a otro lado. 

Del compromiso de hace dos años para acoger a 17.000 en España, faltan solo tres meses para que acabe el plazo y apenas han llegado 1.300

OTRAS PRIORIDADES

¿Donde están los refugiados? Me pregunto dónde comprobar esa llegada masiva que tanto asusta. Desde luego no en nuestras ciudades. Del compromiso de hace dos años para acoger a 17.000 en España, entre los que estaban alojados en Grecia e Italia, faltan solo tres meses para que acabe el plazo y apenas han llegado 1.300. Una vergüenza que debería apelarnos cuando ponemos cualquier otra cosa por delante en la agenda, ya sea la aprobación de presupuestos, una moción de censura o un referéndum.

¿Dónde están los refugiados? Frente a la urgencia que condena a muerte a menores desplazados por la fuerza, nada debería distraer nuestra responsabilidad y su derecho: acogerles y protegerles. No somos la excepción, pero cuando nos contemplamos en el espejo europeo, tendríamos que empezar a mirar dónde están nuestros referentes. La pasada semana la UE amenazaba con sanciones a Hungría, Chequia Bulgaria por negarse a cumplir el acuerdo. Aquí no andamos lejos, mientras la preocupación y las iniciativas de la sociedad, como la de la Fundació del Barça para cambiar la percepción que tenemos de ellos se multiplican, las de nuestros gobernantes se diluyen como si no hubiera infierno.

ESCUDOS HUMANOS

Pero existe. Mientras escribo estas líneas, más de 100.000 personas siguen atrapadas en Mosul, la ciudad iraquí controlada por el Estado Islámico. Presos del pánico y la penuria, son utilizados como escudos humanos para impedir los bombardeos del enemigo. Ellos no han podido huir, pero con los que consiguen hacerlo ¿acaso aquí somos mejores? El dinero europeo se está empleando en pagar a los guardacostas libios para hacer algo que ninguno de sus países haría sin violar la ley internacional: impedir que salgan o devolver a los que lo intentan.

La excusa es que así se evitan muertes en el Mediterráneo. En Libia la crueldad no tiene límites, pero si aquí seguimos sin verlos, al menos no sigamos preguntándonos dónde están los refugiados. Los estamos enviando al infierno.

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