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Ventana de socorro

Tienda C&A con carteles de rebajas antes del 1 de julio.

Llegan las rebajas

Ángeles González-Sinde

Nuestro afán narcisista va paralelo al crecimiento del consumo de ropa de usar y tirar

Asistí a un evento elegante y pedí a la peluquera uno de esos moños desmadejados que parecen tan naturales y sencillos. Al acostarme, para mi sorpresa, me quité no menos de 25 horquillas de la cabeza. Llevaba tanta laca que tuve que meterme en la ducha o la almohada se hubiera adherido irreversiblemente a mi cráneo. Ni un tornado hubiera podido con ese moño de apariencia floja y ligera. A eso hay que añadir el tiempo que la profesional tardó en construirlo. Una hora contra los treinta segundos y cuatro horquillas de mi moño cotidiano. Extraje una gran lección moral: que la apariencia de lo natural, espontáneo, improvisado puede ser lo que más artificio requiera y que es cosa tonta querer ser lo que no somos.

La moda se ceba en nuestro deseo de parecer otros. Sacamos del desván la ropa del verano pasado, pero no nos basta. Nos aburre, nos harta ese vestido, aquel pantalón tan vistos. Los escaparates ofrecen tentaciones constantes: otros colores, otras hechuras. Las rebajas están a la vuelta de la esquina. ¿Caeremos en la tentación? ¿Por qué no podemos conformarnos con lo que tenemos?

Los historiadores afirman que existe la moda porque existe la posibilidad de enterarnos de los que se ponen los demás y compararnos con ellos y que, mientras no había medios de comunicación, no hubo moda. La gente se vestía con un fin práctico. En España la primera revista femenina nace en 1768, 'La Pensadora Gaditana', seguida en1807 por 'El Correo de las Damas'. De entonces a hoy ¡cuánta energía puesta en pensar qué nos ponemos! En los últimos años, las nuevas redes nos exponen constantemente a lo que se lleva haciendo más evidente lo que nosotros no llevamos. Nuestro afán narcisista va paralelo al crecimiento del consumo de ropa de usar y tirar.

Vale la pena contrarrestar esa tentación. Basta con mirar alrededor y compararnos no con lo virtual, sino con lo real. En la vida no hay 25 horquillas para sujetar cada pelo en su sitio. Sería insoportable necesitar tanta muleta. Son otras cosas las que hacen una vida plena.

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