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Las empresas sociales

Ester Oliveras

La mejora de la sociedad, la economía y el medio ambiente ya no está solo en manos de organizaciones que pertenecen al tercer sector. Por un lado, algunas de las empresas que se enfocaban exclusivamente a maximizar su beneficio, ahora dedican parte de las sus esfuerzos en actividades de responsabilidad social. Y por otro lado, organizaciones que solo dependían de donaciones para realizar su actividad, confían cada vez más en la demanda de mercado para poderse financiar, aunque sea parcialmente.

El híbrido que surge de combinar la pasión por aliviar un problema social con un enfoque empresarial se conoce con el nombre de empresa social o emprendimiento social. Un ejemplo conocido en nuestro país es La Fageda, que con el objetivo de cumplir la misión de dar una vida digna a un colectivo con riesgo de exclusión laboral, elabora y vende productos lácteos. La empresa  social pone por delante el problema social y en segundo lugar la actividad que le permitirá conseguirlo y ser viable.

Las empresas sociales actuales pueden encontrarse constituidas en diferentes formas jurídicas. Aunque muchas de ellas suelen elegir el cooperativismo por sus valores humanitarios, no es inusual encontrar sociedades limitadas.

En los últimos años, varios países europeos han aprobado leyes que definen las características que debe tener una empresa social para ser considerada como tal. En Catalunya, la candidatura de Barcelona hace tres años como Social Business City ha estimulado la actividad de diversas instituciones sociales y educativas para dar a conocer e impulsar el emprendimiento social. Después de este tiempo, toca poner negro sobre blanco y decidir las características de la empresa social en Catalunya. Actualmente, la Generalitat está elaborando un borrador del decreto que las regulará.

Una visión amplia de la empresa social incluiría, por ejemplo, la introducción de la tecnología M-Pesa en Africa por parte de una empresa de telefonía móvil, que ha permitido hacer transacciones monetarias en este continente donde una gran parte de la población está excluida del sistema financiero. También incluiría, por ejemplo, empresas que fabriquen y comercialicen productos ecológicos. Aunque estos dos ejemplos son empresas con ánimo lucro, tienen la misión de mejorar problemas actuales de carácter social, económico o medioambiental.

En cambio, una visión restrictiva, admitiría solo organizaciones que no tengan ánimo de lucro, como por ejemplo, fundaciones, asociaciones, empresas de inserción y otras formas jurídicas. Una posición intermedia serían organizaciones que a pesar de tener un formato legal que permita la obtención de beneficios, sus estatutos establezcan limitaciones -o prohibiciones- de reparto de beneficios, o bien que determinen donde irán a parar los activos de la empresa en caso de disolución.

Las empresas sociales no se crean con ánimo de lucro, pero tener capacidad de lucro otorga capacidad de gestión y crecimiento, lo que repercutirá en el impacto que estas empresas tengan sobre la sociedad.

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