Ir a contenido

El referéndum soberanista

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, tras una reunión en el Parlament.

Informe de responsabilidades

Joaquim Coll

Cuando el 'procés' acabe, no deberemos olvidar que se ha desarrollado gracias a una mezcla de complicidades irresponsables y llamativas cobardías

Con el anuncio de la fecha y la pregunta para el referéndum ilegal empieza en realidad la cuenta atrás hacia la convocatoria de nuevas elecciones. La estrategia de los líderes separatistas consiste en generar las condiciones de máxima tensión política para una segunda vuelta con el objetivo de cohesionar a su electorado y alcanzar, abstención unionista mediante, el 50% de los votos que no obtuvieron en las plebiscitarias del 2015. Para ello están dispuestos a dar un salto mortal sin red y a poner a las instituciones del autogobierno fuera del Estado de derecho, tal como están denunciando los partidos de la oposición. Se trata de no dejarl al Gobierno español y a los poderes del Estado más alternativa que impedir con acciones coercitivas la materialización de un golpe institucional que en Europa nadie va a apoyar, ni tan siquiera la Rusia de Putin. Es una estrategia ilegítima y dañina para el conjunto de la sociedad catalana, pero no olvidemos que es la consecuencia lógica de la propaganda sobre el llamado derecho a decidir. 

En el 2012, algunos pocos ya lo advertimos cuando casi todo el mundo se rendía a ese enunciado teñido de tan buenas intenciones. Sorprende ahora escuchar a tanta gente importante en los medios y la política posicionarse en contra de la unilateralidad que van a emprender Carles Puigdemont y Oriol Junqueras y, en cambio, no hacer ninguna reflexión autocrítica por haber contribuido en muchos casos a alimentar el procés todos estos años, apoyando una consulta de autodeterminación. ¿Cuántos no aplaudieron el 9-N? Porque hoy salta a la vista que una cosa llevaba a la otra, por pura coherencia. Si afirmas tener un derecho incondicional, querrás ejercerlo. Cuando todo esto acabe, y todavía falta un poco y puede que sea el tramo más desagradable, sería bueno hacer un informe de responsabilidades. No para señalar a nadie en concreto. Todos somos censurables, también los contrarios, aunque sea por otras razones. Pero sí para no olvidar que el procés se ha desarrollado gracias a una mezcla de complicidades irresponsables y llamativas cobardías

0 Comentarios