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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Gracias, Gemma Nierga

Juan Carlos Ortega

Querida Gemma Nierga, gracias por haberme aguantado durante todos estos años, con mis idas y venidas, dejando el programa de un día para otro, sin avisarte apenas. Gracias por dejarme volver a tu lado cada vez que he querido, sin rencores, como si nada hubiera pasado. Gracias por haberme dado, hace ya muchos años, la oportunidad de hacer una sección de humor que a algunos les parecía (y les sigue pareciendo) extraña y poco graciosa. Gracias por no mirarme de un modo raro cuando te dije que en todos mis gags utilizaría de fondo música de Johan Sebastian Bach. Gracias por tus risas en mis secciones, a veces reales y otras generosamente provocadas por el bien del espacio.

Gracias por animarme cuando me salía espantosa mi intervención, o cada vez que te decía que estaba cansado de hacer humor para la radio. Gracias por lo bien que me lo has hecho pasar en los viajes en los que todo el equipo disfrutaba de otras ciudades. Gracias por haberme presentado a Juan José Millás. Gracias por cuidar bien a tu equipo, todos amigos míos desde hace muchos años, y por las fiestas de fin de curso en tu casa, con tanta gente estropeándote la alfombra.

Y también, desde fuera, gracias como oyente, por hacer una radio nada pomposa, nada estirada, por hablar con todo el mundo como lo haces con nosotros. Gracias por aguantarme, sin expulsarme, durante una época muy idiota en la que mi sección de humor era repetitiva y descafeinada. Gracias por creer que eso acabaría y gracias por alegrarte tanto cuando acabó.

Gracias por tu intuición con las personas, por detectar las debilidades de todos y procurar siempre que no lo pasemos mal.

Ahora que ya no serás mi jefa, puedo permitirme decir todo esto sin ser acusado de pelota. Jamás te he dicho cosas así durante los largos años en los que mi trabajo dependía de una decisión tuya. Casi al contrario; he sido a veces poco cuidadoso contigo, despegado y algo injusto.

Me da mucha pena no poder ir los martes de la temporada que viene a verte al estudio de Barcelona, con Sardà Casamajor y nuestro juego de verdades y mentiras. Si quieres, vamos nosotros tres a tu casa y te lo hacemos gratis sobre la mítica alfombra.

Gracias también por ser amable siempre, por abroncar con tanto cariño que más que una bronca parecía una caricia, y por sentirte mal siempre que lo hacías, como una niña culpable.

Poca gente tiene, como tú, un sol en la garganta (y perdona si te parece cursi, pero así lo siento). Tu voz es ahora mucho más bonita que antes; te lo he dicho muchas veces y nunca te lo acababas de creer. Poca gente tiene tanta luz al hablar, muy pocos consiguen subir el ánimo, como al tomarse un café, cada vez que dicen cosas a un micrófono.

Pido perdón a los lectores de EL PERIÓDICO por haber hablado hoy de mí. Es la primera y será la última vez que lo haga, pero me resultaba imposible hablar de Gemma sin incluirme. 

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