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Ciencia y educación

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¿Emociones para aprender?

Héctor Ruiz Martín

La neurobiología no puede explicar por qué he preferido escribir este artículo en vez de salir a pasear

Todavía son muy pocos, aunque muy valiosos, los hallazgos neurocientíficos que, siendo rigurosos, podemos trasladar a la práctica educativa. No obstante, hoy es frecuente oír muchas afirmaciones sobre cómo aprende nuestro cerebro que, nos dicen, deberíamos trasladar a las aulas. Una de las más repetidas es que "solo se aprende a través de la emoción". ¿Pero qué dice realmente la neurociencia al respecto de la relación entre emoción y aprendizaje?

Resulta obvio que aquellas experiencias que conllevan una carga emotiva importante tienen mayor probabilidad de recordarse. Ya lo afirmaba en 1890 el padre de la psicología americana, William James, al expresar que los acontecimientos de gran intensidad emocional parecen dejar (metafóricamente) "una cicatriz en el cerebro".  En efecto, las emociones tienen un efecto amplificador de la memoria, según han corroborado múltiples estudios en psicología cognitiva y neurobiología.

LA AMÍGDALA

Hoy sabemos que ante un estímulo de importancia biológica, es decir, que requiere de una respuesta que podría determinar nuestro bienestar, se activa una región de nuestro cerebro implicada en la respuesta emocional: la amígdala. Esta región es capaz de aprender qué estímulos debemos evitar. Al reencontrarlos, la amígdala activa nuestro organismo para una eventual situación de huida o lucha. Por ejemplo, si el nuevo perro del vecino nos mordió, la amígdala lo recordará y desencadenará una reacción de miedo o alerta cuando lo veamos.

Además, la amígdala puede modular una región cerebral implicada en la generación de los recuerdos conscientes: el hipocampo. Ante un estímulo emocional como el ataque de un perro, la amígdala envía señales al hipocampo que potencian su capacidad de crear recuerdos de dicha experiencia. Si una persona sufre una lesión en el hipocampo ya no puede generar nuevos recuerdos. Su amígdala seguirá aprendiendo cosas como que el nuevo perro del vecino es peligroso y la persona sentirá miedo al volver a verlo. Pero no recordará haberlo visto antes ni por qué le tiene miedo.

HIPOCAMPO INDEPENDIENTE

Ahora bien, el hipocampo también funciona con independencia de la amígdala. De hecho, la mayor parte de lo que guardamos en nuestra memoria no se ha aprendido en situaciones de "emoción". Un estímulo no necesita ser "emocional" para aprenderse; basta con que sea interesante o útil, por ejemplo.

Quizá el problema es que cuando hablamos de emoción en educación usamos el término de manera muy amplia, y con él también deseamos referimos a "motivación". Es obvio que para aprender, la motivación es esencial. Pero la neurobiología hasta la fecha solo ha podido entender cómo funcionan las motivaciones biológicas, como las que nos impulsan a huir del perro que nos mordió. La neurobiología no puede explicar por qué he preferido escribir este artículo en vez de salir a pasear. Y por ello aun no puede decirnos nada que no sea obvio ya a este respecto: que para aprender es mejor estar motivado.

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