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La imagen de una ballena azul que aparece en las cuentas de Facebook o Instagram de algunos participantes en el macabro juego

Suicidio y transformación social

Joan Cañete Bayle

En el mundo de la ballena azul, el silencio de los medios sobre el suicidio debe ser reconsiderado

Esta semana, Twitter cerró la cuenta @suicidas_frases, mientras que Google retiraba  de Youtube el vídeo 13 formas de suicidarse. Son dos contenidos en internet que el Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) había denunciado que incitan al suicidio en un informe en el que afirmaba que de los más de 20 millones de resultados que arroja una búsqueda sobre “suicidio” en Google, el 10% son considerados “contenidos de riesgo”. Uno de estos contenidos sin duda es el fenómeno de la ballena azul, un macabro reto de autolesiones que acaba con el suicidio y que se difunde por las redes sociales. Como si fuera un juego, o una broma.

“Yo soy superviviente de la muerte de mi hijo por suicidio. No puedo hacer nada para recuperarlo. Lo único que puedo hacer por él es intentar concienciar de este terrible problema que la sociedad silencia. Duele ver que los medios hablan poco de este tema, como si molestara, cuando solo la información suficiente y las políticas de prevención pueden rebajar estas elevadas cifras”, escribió en Entre Todos hace unos meses Guillermo Mir, de Barcelona. Esta es una petición recurrente de personas que han vivido un suicidio de cerca, y también de muchos expertos: si se habla socialmente de los suicidios, más fácil será identificar los mensajes que envían aquellas personas que se lo están planteando, que al fin y al cabo el suicidio es la primera causa de muerte no natural entre personas de 15 a 45 años.

EL SILENCIO TRAS LA MUERTE

 “Los hechos ocurrieron el 4 de enero (…) Pasaban de las dos de la tarde cuando una mujer se precipitaba al vacío desde un octavo piso. (…) Como era de esperar falleció. En poco tiempo se acumulaban en el vecindario ambulancias, guardia urbana, bomberos, poco, o mejor dicho nada, se podía hacer ya, tan solo certificar la muerte (…) Pero entre todo el algarabía algo se dejaba notar. Había una ausencia que no pasaba indiferente, no había acudido ningún medio de comunicación. Tal como se llevaron el cadáver, aquí no había pasado nada. ¿Qué hubiera sucedido si la víctima fuese por un atraco con violencia y con consecuencias mortales? ¿Qué hubiera sucedido si el tema hubiese estado vinculado a la violencia machista? O incluso, ¿si la víctima fuese a causa de un accidente de tráfico? ¿No hubiese sido difundido por algún medio de comunicación? ¿Qué hace que a estos hechos se silencien?”, se preguntaba en una carta Pedro Montalbán, de Barcelona.

La respuesta a su pregunta es que los medios no informan de suicidios para no incitar a ello. El acuerdo tácito es que informar del suicidio puede dar alas a quienes se plantean esta idea. Pero, como sucede con muchísimos otros aspectos de la relación de los medios con la sociedad, las normas han cambiado. Ballena azul y esos contenidos que denuncia el CAC prueban que la incitación al suicidio llega a potenciales víctimas sin que los medios tengan ningún papel en ello. “Es difícil de entender no se hagan campañas preventivas (sobre el suicidio) de la misma forma que se hacen campañas para concienciar a la gente sobre el peligro de las carreteras, o lo nocivas que son las drogas, o incluso para denunciar los casos de violencia machista”, argumentaba en su carta Pedro Montalbán.

TRANSFORMACIÓN SOCIAL

¿Deben los medios informar sobre los suicidios como herramienta para prevenirlos? O incluso dando un paso más: ¿deben los medios plantearse la cobertura del suicidio no en términos estrictamente periodísticos sino como una herramienta más para evitar su proliferación en tiempos aún de crisis? El debate, en el fondo, es si los medios deben ejercer sin complejos un papel de herramienta de transformación social, como se les exige desde muchos ámbitos: la lucha contra la violencia machista, contra el racismo y la xenofobia. Y también contra el suicidio. 

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