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OPINIÓN

La disrupción como filosofía

Olga Grau

La disrupción está en el ADN de los emprendedores tecnológicos. Buscan repensar los procesos y los modelos de negocio vigentes y convertirse en los nuevos intermediarios entre oferta y demanda, eliminando a los competidores existentes. Whatsapp ha barrido a los SMS, Airbnb se ha erigido en una fuerte competencia para los hoteles, Uber ha puesto en pie de guerra a los taxistas, Wallapop ha minado el negocio de los anuncios clasificados, Netflix amenaza con acabar con la televisión. Son tan solo algunos ejemplos de cómo la tecnología aplicada a un sector tradicional puede suponer un cambio radical que pulveriza de la noche a la mañana todo lo que antes había dominado.

La cuarta revolución industrial, que es la tecnológica, tiene un componente nuevo respecto a las anteriores. A lo largo de la historia, las revoluciones han necesitado un capital intensivo para poder llevar a cabo las inversiones necesarias. Fue así con la incorporación de la máquina de vapor o con la industrialización de la producción en serie.

Sin embargo, nunca el acceso a los recursos había sido tan abierto como lo es ahora. Con tan solo una conexión rápida a internet y un ordenador, un emprendedor que no sea ni rico ni forme parte del 'establishment' puede iniciar una empresa de éxito y hacerla crecer con el capital de inversores internacionales. Además, esta revolución tiene un segundo componente vinculado a la globalización. Los negocios se escalan muy rápidamente, es decir, la velocidad a la que salta un negocio de un país a otro es de vértigo. Y la cantidad de recursos de fondos de inversión que se mueven buscando el rastro de ideas disruptivas es enorme.

Ningún sector es ajeno a la disrupción. En este número se analiza  cómo la tecnología está produciendo cambios incluso en un sector tan regulado como el jurídico. No será el último. La buena noticia es que la tecnología está ayudando a que entre más competencia en sectores protegidos, lo que favorece al consumidor siempre y cuando los nuevos actores cumplan también unas normas de funcionamiento en cuanto a seguridad y protección de los empleados.

La disrupción comporta factores muy positivos: más competencia, comodidad, menor precio para los usuarios. Tan solo por citar un ejemplo, las webs de compraventa de inmuebles están rebajando las comisiones draconianas de las inmobiliarias tradicionales de forma muy importante en la compra de un bien de primera necesidad como es una vivienda. La parte negativa es que al irrumpir de una manera tan rápida en una industria tradicional amenaza el empleo y las normas establecidas sin dar apenas tiempo para paliar los efectos adversos generando pérdida de empleo y malestar social.

El fenómeno ha venido para quedarse y será fundamental buscar el equilibrio entre la parte positiva y la parte negativa para que no todo se despache entre ganadores y perdedores.

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