Ir a contenido

EL PRECIO DEL 'PROCÉS'

Carles Puigdemont y Jimmy Carter.

Los viajes de Puigdemont

Olga Merino

Al menos, los vagabundos de las rastas van a las claras: sepa usted que si me da una moneda, voy a fundírmela en canutos

Se les ve por los rincones de Ciutat Vella. Son uno, dos o un grupo de pedigüeños, con pintas de trotamundos y la compañía ocasional de perros, que piden limosna no con un plato, sino con tres latas o vasos de plástico dispuestos sobre el pavimento con sendos letreros al pie: «Comer», «porro», «cerveza».  A veces escriben las peticiones en inglés o escriben «birra», que se entiende requetebién. Un cacito para cada necesidad, un principio básico de la economía doméstica, como hacían las madres distribuyendo la semanada en sobres con anotaciones: «alquiler», «colegio»,  «luz», y uno funesto que decía «muertos».

Una tarde, de camino a no sé dónde, les eché un eurito en el recipiente destinado a la cerveza, que después de todo es alimento. Aunque abundan los mendigos de filfa, piqué porque los chavales greñudos me cayeron simpáticos. Por jóvenes y porque iban con la verdad por delante. No ocurre lo mismo con otros dineros  -con el que no llegó a las guarderías públicas por arte de birlibirloque- o con otros asuntos que no se sabe por qué se han pagado. Los viajes del 'president', por ejemplo.

IDAS Y VENIDAS TEATRALES

Puigdemont ha visitado dos veces Estados Unidos en las últimas semanas, la segunda de tapadillo para entrevistarse durante 25 minutos con el expresidente Jimmy Carter, un encuentro para la foto del que no trascendió ni siquiera la foto y que terminó con un zasca. Por no hablar de los dos congresistas norteamericanos a los que agasajó y perdieron luego por su cuenta el AVE mañanero a Madrid (vaya tropa). 

También Artur Mas visitará Bruselas, París Ginebra la última semana de abril  para seguir con la internacionalización del 'procés' en un momento en que, hombre, ni nos aclaramos dentro de la jaula catalana ni parece que Europa esté para demasiados minués diplomáticos; en cualquier caso, no estaría de más que se detallara cuánto cuestan estas idas y venidas teatrales. Por lo menos, los vagabundos de las rastas van a las claras: sepa usted que si me da una moneda, voy a fundírmela en canutos

0 Comentarios
cargando