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El presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy.

La baraka celta de Rajoy y la manguera de Draghi

Jesús Rivasés

Zapatero, hasta que la gran recesión se lo llevó por delante, fue el político de la baraka, esa palaba procedente del árabe marroquí, aceptada por la Real Academia, que significa algo más que suerte. Mariano Rajoy, que ha edificado su éxito en la resistencia, también posee algo de esa baraka, aunque con matices celtas. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), el hombre que salvó al euro, acaba de darle un balón de oxígeno al inquilino de la Moncloa y a la economía española. Por ahora, los tipos de interés no subirán en la eurozona y seguirán en negativo. Es irracional y tendrá efectos futuros negativos, pero a España le viene bien en estos momentos.

España, según los Presupuestos de Montoro, destinará este año 32.171 millones de euros para pagar los intereses del billón de deuda que tiene en circulación, necesaria para financiar gran parte de las prestaciones sociales actuales. Al mismo tiempo, España tendrá que volver a endeudarse en unos 220.000 millones de euros, con los que pagará la deuda que vence este ejercicio. Es decir, la deuda se paga con más deuda y, al final del 2017, la cifra total de deuda seguirá alrededor del billón de euros. Ahora mismo, el coste medio de esa deuda es del 2,77%, pero si los tipos de interés subieran las cantidades a pagar se dispararían y otra crisis descomunal estaría servida.

La baraka de Rajoy -y de España- es que la deuda italiana es mucho mayor que la española. En el 2017, Italia deberá pagar, solo en intereses, alrededor de 100.000 millones de euros. Una subida de los tipos de interés, como desean los halcones monetarios alemanes, colocaría al país transalpino mucho más al borde del precipicio que a España y Mario Draghi, que es italiano, lo sabe perfectamente. Por eso, más por Italia que por España, y porque la inflación parece controlada, el BCE adelanta que mantendrá el abierta la manguera monetaria de los tipos bajos un tiempo prolongado.

Rajoy, que ha hecho de la resistencia una doctrina política, tiene más baraka de la que parece. Juan María Nin, exvicepresidente de Caixabank cuenta en su muy interesante libro 'Por un crecimiento racional', cómo Angela Merkel creía que el orgullo español le impediría a Rajoy pedir 100.000 millones -el doble de lo necesario- para el rescate financiero y tranquilizar a los mercados. Nin, al que Merkel llamó tras conocer una intervención suya en el grupo Bildeberg, le habló de las raíces celtas del presidente -algo de lo que la canciller no tenía ni idea- y que, por eso, no habría problemas con el orgullo. Quizá a partir de ahí empezó una relación de confianza entre Merkel Rajoy, en la que la alemana, como dice una amiga suya que veraneaba en Sotogrande, según descubrió Javier Ybarra –fino analista y autor de 'Nosotros, los Ybarra'-, desempeña el papel de hermana mayor, unas veces exigente y gruñona y otras cariñosa y comprensiva. Es la baraka celta de Rajoy -y de España- que todavía necesita la manguera monetaria de Draghi.

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