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Al contrataque

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una rueda de prensa este jueves.

Mi jefe, mi enemigo

Antonio Franco

Sonreímos amargamente al pensar que nos preocupaba el machismo hortera de Trump. Ahora sabemos que era el preludio de convicciones perversas

Xenofobia cada vez más generalizada, entronización del egoísmo de lo nuestro primerorecorte de libertades como respuesta a las amenazas terroristas, y para colmo, regreso del uso de las armas químicas. El Occidente con sensibilidad democrática anda cada vez más desmoralizado y desorientado, empantanado por la corrupción de las élites, sin un líder. Porque está confirmado: no lo tenemos. Somos un pollo descabezado. Quien va delante en nuestro nombre no da muestras de tener mucha materia gris debajo de su pelo amarillo.

Ahora ya no es un temor o una prevención nacida de lo que los analistas y la prensa adversa decían de Donald Trump cuando le veían venir. Lo que nos empiezan a sobrar son datos negativos, son políticas tóxicas que se aplican desde la Casa Blanca, son estrategias que despliegan los tipos más sospechosos que jamás han mandado en nuestro campo.

El día a día es soportar que la ignorancia y la mentira compulsiva sean los ejes sistemáticos de la actuación de quien ocupa el Despacho Oval. Muchos no ocultan, en su candidez, estar a la espera de un impeachment (obstinándose en olvidar que Trump es representativo de la inconsistencia de sus conciudadanos norteamericanos), o confían sin el menor rubor en que haga un viaje oficial a Dallas.

Sonreímos amargamente al pensar que nos preocupaba su machismo hortera. Ahora sabemos que eso era el preludio de convicciones perversas todavía más refinadas: la aceptación de la tortura como normalidad, el cruce ordinario de los intereses personales con la política (el ramalazo antimusulmán no afecta a los ciudadanos de los países donde Trump tiene negocios) o la constatación de que parece descubrir ahora, como si no tuviese precedentes, el uso de armas químicas en Siria (y contra población civil).

INCONFORMISMO POPULAR

En relación a muchos valores del espíritu democrático de nuestro campo, tenemos al enemigo en casa. Lo tenemos en un momento de bastante oscuridad en el que están cortadas las líneas telefónicas que solíamos utilizar para las emergencias, y cuando puertas y ventanas están atrancadas. Trump coincide asimismo con una Europa dirigida por una generación de mediocres que ni saben apuntalar la Unión Europea avanzando en derechos y deberes compartidos ni aciertan a contrapesar las demagogias nacionalistas presentadas como panacea para combatir la decadencia.

Desde el punto de vista de las convicciones democráticas es como si gobernasen Occidente Putin o Netanyahu. O el misterioso líder chino. La posmodernidad está siendo muy dura. Lo único prometedor es la reacción inconformista popular. Algunos pensamos que lo que encarna Trump solo podrá enderezarse desde abajo, como ha pasado en otros momentos negros de la historia.

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