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Al contrataque

Trump saluda a sus seguidores en Nashville (Tennessee)

Artificial

Manel Fuentes

El mundo aunque parezca más abierto está hoy más controlado. Un 'show de Truman' diabólico con jugadores que se creen con derecho a todo y con acceso a todas las áreas

El azar da sensación de libertad. De que aún las posibilidades tienen opciones de ser. Todas. Flota la sensación de que en ese azar hay algo de nosotros que comanda. Con lo natural ocurre un poco lo mismo. Hay un gran patrón, un terreno de juego común en el que siempre pueden aparecérsenos buenas o malas cartas sin un 'dealer' identificable ni un tahúr que las marque descaradamente más allá del reparto inicial. En un entorno natural, las injusticia de base se achacan a la genética o a Dios. 

El caso es que desde hace un tiempo a unos cuantos les encanta ser dioses. Controlarlo todo y a todos. Y encima cada vez tienen mejores herramientas para alterar la realidad a su antojo. Para manipular. Para hacernos vivir desde el artificio. Donde primero nos golpean es en nuestros radares perceptivos para que la visión esté condicionada. Nuestro conocimiento de la realidad está filtrado por los medios de comunicación y hoy estos están segmentados y alterados desde la red. Te informas a través de tus afinidades con lo que el espacio de la duda disminuye. El pensamiento crítico, y sobre todo autocrítico, va de baja.

Además, los nuevos dioses ya saben que las mayores manipulaciones llegan desde la emocionalidad y no desde el dato objetivo y el análisis racional. Con lo que recientemente, con Trump en EEUU y ahora en Holanda, dos países donde no hay un problema grave de inmigración ni de paro, hemos visto cómo al agitar la bandera del miedo y el odio, el control del rebaño era mucho más eficaz. O sea que si no hay motivos para ese miedo de forma natural, ellos ya saben cómo crearlo artificialmente.

UN MUNDO CONTROLADO

Serán los rusos o el NSA quienes controlan todos nuestros movimientos e impulsos digitales, pero los tienen. Nos observan a través de nuestras teles, nos escuchan en nuestros teléfonos, nos leen nuestros wasaps, y cuando quieren intervienen para condicionar nuestra respuesta.

Saben qué productos ponernos delante en función de los gustos que manifestamos un día. Qué música proponernos. Qué películas sugerirnos y cuál proyectarnos en las noticias o en nuestro cachito de red para que piquemos el anzuelo que desean. Hoy, el mundo aunque parezca más abierto está más controlado. Un 'show de Truman' diabólico con jugadores que se creen con derecho a todo y con acceso a todas las áreas. No vale ya pues con saberse mover naturalmente. Ahora hay que conocer imposturas y artificios y actuar con rapidez. El problema está en que ante lo titánico y autocontaminante que se presenta el reto de combatir lo artificial entrando en su juego, mucha gente desista, desconecte con lo que su avance aún será más vertiginoso.

¿Se han planteado que igual lo que les cuento también sea artificio? Son los tiempos de la posverdad. Los tiempos son artificiales.

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