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Eufora desbocada en el Camp Nou.

Hablar de fútbol sin hablar de fútbol

Joan Cañete Bayle

Celebraciones de la magia del balompié como la de Owen son vistas por muchos como una traición

Escrito queda que Jordi Roca Márquez, de Barcelona, lo publicó en Entre Todos: "¿Sabéis cómo podéis remontar al Paris Saint Germain? Muy fácil, sed vosotros mismos, los que hace unas temporadas erais: el lujo del fútbol. Volved a ese rondo infinito rápido y eficaz. Por un día, creed en vosotros mismos y divertíos, como decía el maestro Johan". Futbolísticamente es discutible si el Barça eliminó al PSG con el espíritu de Johan (pese a esa línea de tres en defensa); lo que es indiscutible es que los jugadores del Barça creyeron en sí mismos hasta, literalmente, el último segundo.

Mucho se ha hablado de la remontada, de Neymar, de Unai Emery, de los goles y, por supuesto, del árbitro. Muy poco se ha hablado, en cambio, de fútbol. No es que la euforia sin fin (y también el rechinar de dientes en según qué barrios) que desató el gol de Sergi Roberto haga imposible  un análisis racional, deportivo de lo sucedido; lo que sucede es que en nuestra conversación pública, en la que tanto se habla de fútbol, lo de menos es el fútbol.

De las docenas de vídeos que se compartieron el miércoles por la noche mostrando reacciones de todo tipo al gol del 6-1, hay uno que llama la atención. Se ve a los exjugadores británicos Gary Lineker (ex del Barça), Rio Ferdinand (Manchester United), Steven Gerrard (Liverpool) y Michael Owen (Liverpool y Real Madrid) enloqueciendo con el sexto gol del Barça en plena retransmisión del encuentro. Llama la atención la reacción de Owen, que echa a correr por el plató como un niño en el patio el colegio.

UNA VISIÓN DEL JUEGO

Por su condición de exmadridista, Owen ha sido criticado en círculos cercanos al Real Madrid por alegrarse de un gol marcado por el Barça, y además de tanta trascendencia. Las críticas evidencian una forma de hablar sobre el fútbol y, por tanto, una visión del juego. Dejando de lado el hecho de que Owen probablemente no nació besando el escudo del Madrid ni soñando con vestir la camiseta blanca, la imagen que dio al celebrar el gol no fue la de un renegado de la fe madridista que en realidad siempre fue un submarino culé, sino la de un apasionado del fútbol que acaba de presenciar uno de aquellos prodigiosos momentos que le hacen amar aún más este deporte. La carrera de Owen por el plató, en efecto, es la de un niño por el patio después de marcar un de vaselina con el tacón.

Hay mucha gente que se harta de hablar de fútbol que en realidad no le gusta el juego, desconoce las reglas, le trae al pairo cuando una mano es penalty o no dentro del área, ni siquiera intenta  ser coherente en sus apreciaciones. Son aficionados que solo ven los partidos de su equipo y ni así, más que verlos, los sufren,  los disfrutan siempre al tuntún del resultado final. Son hinchas que conocen los nombres de sus jugadores favoritos, los del máximo rival y los de los árbitros. Sus voces son las dominantes en la conversación pública sobre fútbol, tanto que hace ya tiempo que tomaron al asalto gran parte de la prensa deportiva.

¿DE QUÉ SE ALEGRA OWEN?

Según las reglas de este tipo de conversación, la carrera eufórica de Owen es una traición, la constatación de que había una falla en el carácter de un jugador que no tuvo un rendimiento en el Madrid acorde al de su condición de Balón de Oro.  Porque a no ser que seas del Barça, no hay nada extraordinario en el 6-1 del PSG: fue un robo arbitral, el equipo parisino no compareció, su entrenador regaló el partido... Bajo estas premisas, ¿de qué se alegra Owen?

En este país, en la conversación pública sobre fútbol, da igual si el Barça o el Madrid, no caben explosiones de euforia futbolera como la de Owen. Por eso la única prensa deportiva del mundo que ha dado importancia al arbitraje en la remontada desde la misma noche del partido es la que se edita en Madrid, no la francesa, por ejemplo. Con las victorias del Madrid sucede lo mismo. Tanto hablar de fútbol, y en realidad a muy pocos les gusta este deporte. A Owen, sí.

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