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DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER

Pau Donés parodia a Elvis Presley, durante el concierto benéfico celebrado en Luz de Gas para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer.

Cinco minutos

Pau Donés

Solo pienso en el cáncer cinco minutos al día; mi tiempo es oro y quiero aprovecharlo para hacer otras cosas, para vivir

Al cáncer, como a cualquier enfermedad, solo le dedico cinco minutos al día. Ya sé que eso es fácil decirlo cuando te encuentras bien, pero ya pensaba y hacía lo mismo después de que me extrajeran un tumor del colon de más de 7 cm de diámetro y 12 tumores del hígado.

Cinco minutos, no más. Básicamente lo hago porque cuando tienes cáncer el tiempo se convierte en un valor muy preciado, que hay que administrar con inteligencia y destreza y, la verdad, dado que ahora mi tiempo es oro (antes también lo era, pero no lo sabía), prefiero aprovecharlo para hacer otras cosas.

¿Que estoy enfermo? Sí, también lo está mi hija que hoy tiene anginas. ¿Que el cáncer es una enfermedad grave, peligrosa? Bueno, sí, por eso le dedico esos cinco minutos, para recordarme a mí mismo que tengo que estar al tanto e intentar en lo posible que el bicho no vuelva a despertarse, pero es tan grave y peligrosa como tantas cosas que suceden en  nuestro día a día.

UNA VIDA DE LO MÁS NORMAL

Lo que intento decir es que no me gusta pensar que estoy enfermo más de cinco minutos al día, porque aunque lo estoy, hay cantidad de cosas mucho más importantes en las que pensar. Lo que quiero decir es que a pesar de tener cáncer hago una vida de lo más normal. Podría parecer que por tener cáncer debería poner límites a mi manera de vivir, como seguro me los pone el hecho de ser una persona popular. A pesar de ello, sigo desplazándome en autobús cuando voy a la ciudad, hago cola en el cine, voy al mercado a comprar la comida de la semana o me tomo una infusión en una terraza concurrida.

Pues lo mismo con el cáncer, lo tengo pero sigo escribiendo canciones, subiéndome a las montañas con mi tabla de snowboard a la espalda para bajarlas a toda velocidad, tirándome a la piscina por lo menos tres veces por semana, asistiendo regularmente a mis clases de batería y en general viviendo la vida como si nada. Sin límites, sin barreras. Funciono como si tal cosa, y si hay algún día en que estoy más de bajón, pues funciono menos, y ya está.

MUCHO MÁS PENDIENTE DE TODO

Sin duda, mi vida ha cambiado. Ya no bebo, ni trasnocho, ni maltrato mi cuerpo como solía hacerlo antes. Además, estoy mucho más pendiente de todo. De lo que me pasa, de lo que me rodea, de mi familia, de mis amigos... Vivo con mucha más intensidad porque, para que nos vamos a engañar, no sé el tiempo que me queda. Así que por si las moscas, el que tengo en este momento lo aprovecho para vivir y por eso, de los 1.440 minutos que tiene el día, solo uso cinco para estar enfermo.

Como dice mi amigo Jorge Drexler en una de sus excelsas canciones, "Nada es más simple, no hay otra norma, nada es eterno, todo se transforma". Así que hasta que llegue el día de mi transformación, tranquilos. A vivir que son dos días... y si la cosa va bien puede que hasta tres.
 

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