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ANÁLISIS

La revolución demográfica

Jordi Graupera

El 2011 fue el primer año que hubo más nacimientos de minorías que de blancos en Estados Unidos. Se calcula que hacia el 2045 los blancos dejarán de ser mayoría. En 1980, casi la mitad de los condados norteamericanos (1.412) tenían poblaciones que eran 98% blancas. 30 años después, solo 149 condados, menos del 5%, tenían esa proporción. Las elecciones del 2016 son, étnicamente, las más diversas de la historia, en parte porque los hijos de la inmigración centro y sudamericana han llegado a la edad de votar: hay un 69% de blancos, 12% de negros, 12% de hispanoamericanos, y un 4% de asiáticos.  Hoy, un 14% de la población es, de hecho, inmigrante, comparado con un 5% en 1965. Todo esto va a más.

Además, hay 55 millones de adultos blancos sin educación universitaria (un tercio de todos los blancos) que, entre 1999 y el 2013, han visto reducida su esperanza de vida un 22%. Su tasa de mortalidad es un 173% más alta que la de los hispanos, que tienen, en general, un nivel educativo similar. Parte de este incremento se puede asignar a muertes relacionadas con abuso de drogas y alcohol, suicidios y enfermedades crónicas del hígado. Como dicen los expertos, la frontera entre estas enfermedades y la autodestrucción es borrosa. La tasa de suicidios entre blancos de mediana edad sin educación es cinco veces superior a la de hispanos de mediana edad. 

Las encuestas muestran que cerca del 40% de los norteamericanos dicen que los recién llegados de otros países amenazan las costumbres y valores tradicionales del país. Y que un 31% de blancos afirman que “la idea de unos EEUU donde la mayoría no es blanca me preocupa”.

CONTROL CULTURAL Y POLÍTICO

La diferencia que EEUU representaba, y quizás representa todavía en el mundo, es que quienes fundaron el país, y le dieron el carácter y las leyes -esto es, los blancos protestantes-, aceptaron que como consecuencia de sus ideas, acabarían siendo una minoría en su país. Que las ideas de diversidad y de apertura a la inmigración acabarían necesariamente desembocando en la pérdida del control cultural y político sobre el país. Esta intuición, además, se ha ido confirmando a lo largo de las décadas y ha ido acompañada de datos concretos sobre cuándo y cómo pasará.

Que algo así se aceptara era inédito en el mundo. Tú les dices a los franceses que serán minoría en Francia y se te sublevan. O a los españoles. Incluso a los británicos. Bien, pues parte del movimiento pro-Trump representa el último intento de una parte de estos blancos de retomar el control ahora que prueban las consecuencias prácticas -culturales y económicas- de la teoría, y ven cómo el 'establishment' los desprecia. Y por eso se sublevan, sobre todo en el contexto de desorientación y declive económico que la globalización ha causado en ciertas zonas del país. EEUU está justo en medio de una revolución demográfica y asistimos a los dolores de parto. A pesar de que las encuestas dicen que ni siquiera hay suficientes blancos que le apoyen para ganar, una derrota de Trump no es el final de este parto.

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