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REFUGIADOS

Cambios

Ana Pastor

Algunas cosas siguen igual y otras han cambiado. Seguimos en el bucle infernal en el que las calles parece que nos susurran: «El horror de las terceras elecciones». En el mismo punto en el que llegó el verano recibiremos el otoño en el territorio político. Veremos si la llegada del invierno desenmarañará todas nuestras dudas de una santa vez. Cosas que siguen igual: continuamos sin tener respuesta institucional en toda Europa a la huida desesperada y llegada milagrosa de refugiados a nuestras costas. Nadie se hace cargo de sus vidas ni de sus muertos. Nadie en los despachos de la Unión Europea y los palacios presidenciales de cada país miembro. Así que lo que tampoco ha cambiado es que quien sigue salvando a los refugiados es gente sin mando ejecutivo pero con el poder de resucitar a familias completas. Hablo de las organizaciones sociales que están sobre el terreno. Estaban el pasado invierno. La pasada primavera. Nos fuimos en verano. Y ahí siguen. Eso no ha variado. Gracias a gente como ellos podrás leer en las siguientes líneas sobre algo que sí ha cambiado.

Del Kurdistán a Sevilla

Cuando llegaron las vacaciones, por estas páginas aparecieron Mudafar y Ahmed, dos pequeños que estaban en Grecia tras viajar con sus padres desde el Kurdistán iraquí, huyendo de la violencia de Estado Islámico. Aquí relatamos el esfuerzo de la oenegé Aire, creada por los bomberos de Arteixo, A Coruña, para traerlos porque estaban muy enfermos y necesitaban tratamiento urgente. A veces las cosas cambian. Doscientas mil firmas, de doscientas mil personas que no miran para otro lado, han conseguido presionar al Gobierno y los dos hermanos están ya en España. (Seguimos a años luz, eso sí, de la promesa de acogida que España hizo inicialmente). Mudafar y Ahmed descansan junto a sus padres, Midia y Mohamed, desde hace unos días en un hospital público de Sevilla. Allí son tratados por un equipo médico para recuperar sus frágiles hígados, afectados por una enfermedad congénita. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) está haciendo además el asesoramiento jurídico de la familia para que puedan recuperar algo de normalidad después de haber vivido tantas cosas terribles en tan corto tiempo. Vi la imagen de Mudafar y Ahmed, de 8 y 10 años, antes de partir del campo de refugiados de Katsikas, en Grecia. Y acabo de ver una deliciosa fotografía en la que ha desaparecido de su rostro la expresión anciana de un dolor que atraviesa lo físico. Ahí están, con sus pijamas azules de hospital, en la capital andaluza. Sentados los dos en la misma cama. Juntos. Muy juntos. Con la misma posición infantil de piernas cruzadas de manera imposible. Riendo. Bromeando. Viviendo. Una nueva oportunidad. Algunas cosas han cambiado. Y eso también es noticia.

Temas: Refugiados

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