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Al contrataque

Manifestación contra la violencia machista, el 25 de noviembre pasado en Barcelona.

Con todos ustedes, Marina

Jordi Évole

Marina llega al instituto de secundaria. Lleva un bolso cargado con su vida. Viene a hacer un taller con chavales y chavalas de 15 y 16 años. Les pide que dibujen a tamaño real y desnudos a su hombre y su mujer ideal. Dibujos espectaculares. Él: tío cachas, moreno, ojos claros y miembro generoso y depilado. Ella: rubia, con ojazos, buenas tetas y buen culo. Risas entre el auditorio. Ellos se explican: «Que tenga buen culo para agarrarla bien, que sea más bajita, simpática, inteligente, y lo más importante, activa sexualmente, pero solo conmigo, no en general».

Y ahí Marina inicia su exhibición: «Pero no todo va a ser cuerpo, si no yo no me comería un rosco. En todas las clases tengo la esperanza que me dibujen, y nunca lo hacéis». Caras de póquer. «Replicáis un estereotipo. Yo estoy gorda y me gusta. Y me miro al espejo y me digo: 'Qué guapa te has levantado esta mañana'. Pero a mí no me dan trabajo por ser gorda». «¿Quién nos dice cómo tenemos que ser?». Un chaval, de los que antes se reía, se lanza al ruedo y reflexiona. «La sociedad nos lo impone. Que el hombre no puede fallar, no puedes llorar, tienes que ser fuerte».

Marina aplaude, pero no se conforma. Habla de películas, las de Disney, donde las princesas necesitan ser salvadas. Luego, de adolescentes, 'Crepúsculo', donde es maravilloso morir por amor. O la televisión que fomenta estereotipos masculinos y femeninos vacíos. Remata la función con letras de canciones actuales: «Si el amarte me cuesta la vida... Probarte es un acto suicida», «entera y tuya, aunque mi vida corra peligro», «una mujer que no diga ...». Los chavales ya han dejado el cachondeo a un lado. Y lo tienen claro: «La mujer es utilizada como objeto sexual».

Un paso al frente

Marina lo ha conseguido. Falta la guinda y les pregunta: «Y, ¿cómo me veis?». Los muchachos, en menos de media hora, ya la admiran: «Te haces valer», «estás segura de ti misma», «tienes carácter», «no te importa lo que piensen los demás». Ella se gusta: «¿Nadie va a decir que estoy buena?». Últimas risas, los tiene en el bolsillo... antes de que les suelte: «Vale, pues me maltrataron». Silencio. «Fui víctima de violencia de género a los 15 años, como vosotros. De los 15 a los 19. A mi me manipuló, me chantajeó, me insultó, me humilló, me pegó, me escupió, me violó, me quemó, me pegó otra vez, otra vez y otra vez. Y me daba igual». Las caras de los chavales no dan crédito.

Marina ha dado un paso al frente, como las valientes que deciden abrir un camino no explorado. No quiere dar pena. Quiere que el maltrato no sea un estigma para nadie. Por eso no tiene miedo de explicar su historia en 'prime time'. Su testimonio es un tesoro. Y puede conseguir más que mil campañas de concienciación. Que nadie piense: «Pobrecita, Marina». No. Que piense que su ejemplo nunca lo van a olvidar.

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