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Al contrataque

Una refugiada salta de una lancha con un hijo en brazos, en Lesbos.

To Kyma

Ana Pastor

El trabajo de la oenegé catalana Proactiva Open Arms con los refugiados en la isla de Lesbos hace que algunos sigamos creyendo en el ser humano

Se han convertido en todo un símbolo de lo mejor del ser humano. Las pocas horas de descanso que tienen se reúnen allí para intercambiar opiniones, alegrías y tristezas, pero también para abrazar victorias esperanzadoras. Es el hostal To Kyma (La Ola, en griego) de la isla de Lesbos. Allí está el equipo de hombres y mujeres extraordinarios de Proactiva Open Arms, la oenegé de Badalona que está a pie de playa salvando las vidas que toda Europa ya casi ha olvidado. Las vidas de miles y miles de sirios que siguen llegando aunque hayamos cerrado los ojos.

Hasta el verano pasado, este equipo de hombres y mujeres extraordinarios centraba su trabajo en las playas españolas. Pero en septiembre decidieron dar una lección de dignidad que les ha convertido en toda una referencia. Al principio trabajaban solamente con sus trajes de neopreno. Después consiguieron dos motos acuáticas para poder alejarse algo más de la costa cuando veían a cientos de personas en apuros. El peor día fue sin duda el gran naufragio, aquel maldito 29 de octubre. Aquel día en que este equipo de hombres y mujeres extraordinarios se rompió por dentro. Un dolor que tuvieron que masticar en silencio porque al día siguiente llegaron más y más. Y allí siguieron. Entrando y saliendo del hostal To Kyma. Demostrando que aún se puede creer en el ser humano.

Y ahora no están solos. Su trabajo comenzó a ser publicitado en los medios y muchos ciudadanos de nuestro país decidieron echar una mano. Por eso en las próximas horas estrenarán una embarcación que han podido comprar gracias a los donativos de unos 80.000 euros que han recibido. Una lancha de ocho metros con dos motores y toda la última tecnología para facilitar las tareas de salvamento (radares, luces nocturnas, etcétera). Y me cuentan que esa embarcación ya tiene nombre. To Kyma. De nuevo el símbolo de la vida. Una lancha que ahora se acercará a lugares más complicados porque las rutas han cambiado tras el acuerdo con Turquía y, según me dicen, ahora las familias, los bebés, las personas mayores o con alguna discapacidad llegan al sur, con una costa más escarpada, en un viaje aún más complicado y con temperaturas cada vez más bajas por el invierno.

El símbolo de lo mejor

To Kyma frente al miedo. To Kyma frente a la muerte. To Kyma como símbolo de lo mejor. Estamos ya cerca de la Navidad. Y en Proactiva dicen que este equipo de hombres y mujeres extraordinarios ha decidido pasarla allí. Y seguir haciendo su trabajo. Y haciendo que algunas personas sigamos creyendo en el ser humano.

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