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El desafío de la infertilidad

Una de cada seis parejas lidia hoy con problemas de infertilidad porque las mujeres suelen tener hijos con más de 40 años

Realizarse como personas en el siglo XXI ya no exige necesariamente ser padres. O si lo hace, hay suficientes obstáculos, de relaciones personales, económicos y sociales, que se están encargando de postergar ese aspecto de la vida personal que nos incumbe a todos. En la renovación generacional están en juego las futuras pensiones, pero también atañe a los sentimientos y al proyecto de vida de las personas, mujeres y hombres.

En la actualidad, la infertilidad afecta a una de cada seis mujeres. «Se llega demasiado tarde, desde el punto de vista biológico, a la decisión de tener un hijo», expone Rita Vassena, miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE). «Más del 40% de mujeres que acuden en busca de un tratamiento de reproducción asistida tienen 40 años o más», informa la directora médica de la Clínica Eugin, Amelia Rodríguez.

Ginecóloga obstetra, especializada en reproducción asistida, Rodríguez alude a la necesidad de «concienciar a la sociedad, a la mujer y su entorno, pero también a los médicos que están en primera línea con ellas, de que a partir de los 35 años, la fertilidad de una mujer empieza a descender y que a los 40 ese descenso es mucho más dramático», expone. «Las técnicas de reproducción asistida han avanzado mucho y funcionan muy bien, pero siguen siendo dependientes de la edad. Una cosa es cómo estamos y nos sentimos por fuera, pero la edad ovárica no perdona», añade.

IMPACTO PSICOLÓGICO El desgaste de un deseo contra reloj

«Si existe un paradigma entre la ginecología y la psicología, ese es la reproducción asistida», considera Helga Pallàs, psicóloga del Centro de Infertilidad y Reproducción Humana. «Y la infertilidad es un terreno muy marcado por las emociones», apunta. «El deseo de ser padres, que puede ser instintivo, profundo, biológico, puesto que las células están programadas para transmitir los genes, también está condicionado por la cultura, y el entorno social va a influir mucho, como también pueden hacerlo aspectos más simbólicos.

«Todo juega un papel importante en ese deseo que, si no se consigue, puede conllevar una crisis existencial», dice Pallàs. «La sociedad nos prepara para evitar el embarazo, pero no para la infertilidad», puntualiza la psicóloga. «Y, creyendo que podrían ser madres cuando quisieran, muchas mujeres llegan a la clínica para seguir un tratamiento de reproducción asistida con un cierto desgaste», detalla.

Culpa y rabia por haber retrasado el momento de ser padres, acusaciones a la pareja como causante de la infertilidad, a los médicos si no se llega al resultado deseado y al trabajo porque no ha permitido ser madre antes son algunos de los impactos psicológicos que cargan en su mochila mujeres y parejas en busca de ayuda médica para llegar a ser padres. «El desgaste en el proceso de la reproducción asistida es a todos los niveles: emocional, social, físico, psíquico y económico», precisa la psicóloga. «Los tratamientos ponen en juego el entorno de la pareja, sus relaciones sexuales se ven afectadas y en la mayoría de casos se focalizan tanto en su objetivo de ser padres que se olvidan de cualquier otro proyecto, llegando en algunas ocasiones a vivir un aislamiento social y personal, llevando la infertilidad, que todavía hoy es un tabú social, en secreto», explica Pallàs.

PREVENCIÓN Congelación de óvulos antes de los 40

Cómo prevenir todo ese calvario psicológico que cruzan las parejas o mujeres en solitario para llegar a procrear más allá de los 40 tiene una gran respuesta en el laboratorio. Tras una estimulación ovárica para recuperar óvulos, cuando la mujer se encuentra sobre la treintena, esos óvulos se congelan y, si la decisión de quedarse embarazada llega más allá de los 40, se puede recurrir a los propios óvulos congelados, cuya edad biológica habrá quedado en el proceso preservada. «Una garantía de embarazo del 100% no existe, pero es una oportunidad», indica la ginecóloga Amelia Rodríguez. «Si no se cuenta con óvulos propios congelados, si se desea ser madre a partir de los 43 años, ya se recomienda recurrir a la donación de óvulos», añade Rodríguez. Según ella, falta todavía mucha información sobre estas posibilidades y sobre las técnicas de reproducción asistida que se han desarrollado.

Según explica la representante de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, Rita Vassena, «A España acuden pacientes de todo el mundo para seguir tratamientos de reproducción asistida, porque la ley española es muy clara y el amparo de la ley da mucha seguridad, tanto a las pacientes como a los médicos. Y todo eso está acompañado en este país de un alto nivel de desarrollo de la técnica, la medicina y la asistencia. Es uno de los mejores países del mundo en estos tratamientos», señala Vassena.

INVESTIGACIÓN Y FUTURO Esperanza en la genética y en las células madre

Pese a los grandes avances en la investigación médica, las actuales técnicas de reproducción asistida, tal como afirma la doctora Amelia Rodríguez, «no tienen la llave para todo, y la investigación es un arma importante para solucionar no solo cuestiones que permitan aumentar las tasas de natalidad, sino, a nivel genético, conseguir que los recién nacidos lleguen a casa sin enfermedades. Ahora ya contamos con tests muy fiables que detectan mutaciones que provocan ciertas enfermedades. En las parejas que quieren tener hijos ya podemos ver los riesgos de ese tipo», informa Rodríguez. «Poder gestionar los riesgos en medicina preventiva abre en la investigación un marco apasionante y con las células madre se puede avanzar en líneas de investigación importantes», añade la ginecóloga y obstetra.

Pero, a pesar de lo prometedores que son esos campos de investigación, gracias al estudio de las células pluripotentes, las células madre, para corregir y entender las causas de la infertilidad, «ciertos mensajes demasiado optimistas levantan excesivas expectativas en la sociedad. A veces nos olvidamos de que la reproducción asistida, como rama de la medicina, exitosa y popular, es muy joven. No tiene más de 20 o 25 años», puntualiza Rita Vassena. «Muchas mujeres acuden a las clínicas con elevadas expectativas, como si la reproducción asistida fuera la panacea, y si luego no obtienen los resultados deseados, llega la frustración y decepción, y son situaciones que se viven con una gran hiperemotividad. Todo se siente profundamente», describe la psicóloga Helga Pallàs.

«Además, la infertilidad plantea dilemas como la renuncia a los óvulos propios, o qué hacer con los óvulos sobrantes tras un tratamiento de fertilidad, si se donan a otra paciente o a la investigación... También supone una decisión importante plantearse si finalizar el proceso, cuando el embarazo no llega. Hasta el 65% de las parejas abandonan el tratamiento por estrés psicológico, por delante de otros motivos como la prescripción médica o la cuestión económica», explica Pallàs, que destaca sobre todo el arropamiento psicológico y apoyo emocional que, sean o no psicólogos, todos los miembros del equipo asistencial en un proceso de reproducción asistida debería ofrecer a las parejas. «Y la terapia psicológica profesional puede ayudar a vencer la infertilidad, rebajando los niveles de estrés que llevan a abandonar el proceso», declara Pallàs.

DEMOGRAFÍA El perfil social de los futuros padres

Y todo este panorama actual que retrata ya nuevos perfiles de madres, solteras, divorciadas y parejas con gran diferencias de edad o del mismo sexo y en busca de sus descendientes cada vez más tarde, según los estudiosos de la demografía y los cambios sociales que la acompañan, todavía irá a más. «Mayores problemas de infertilidad están por venir. Precariedad laboral y más formación auguran que va a crecer mucho», apunta del demógrafo del Centre d'Estudis Demogràfics y profesor de la UAB, Joaquín Recaño. El especialista en demografía y migraciones recuerda que gracias a la recepción en Catalunya de ciudadanos de otros países, migrantes, mantenemos las actuales tasas de natalidad, pero augura para los años venideros una decena de ellos de generaciones vacías, sin apenas descendencia.

El nivel de estudios, el divorcio, el paro y las complicaciones para hallar y mantener una pareja, que ya son hoy determinantes en la baja natalidad (con la media de edad maternal a los 32), lo serán todavía más en el futuro próximo. Con la realidad de las estadísticas en la mano, pero con la mirada puesta en la investigación médica, el demógrafo Joaquín Recaño no quiere pasar por alto tampoco que «la salud de las personas de 50 años ahora no es la misma que la de 50 años atrás».

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