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#ouyeah

DeclinART

Risto Mejide

Los hechos ocurrían el pasado miércoles a media mañana. Yo andaba por Madrid, trabajando o más bien disimulando mi depresión post vacacional, cuando de pronto me entró un tuit de Quim Monzó. Y digo me entró porque fue algo así como un siroco o una colonoscopia, inesperado y turbador, procedente de un sitio que no te esperas y con un resultado que tampoco tenías previsto, ni en fondo ni en forma.

«Fíjate qué ramo me ha dibujado Ferreres para ti, Risto Mejide. ¿Vienes a la Meridiana el 11S? #QuedesConvidART @Araeslhora». El mensaje iba acompañado de una sutil ilustración en la que Quim me hacía entrega de un ramo de rosas rojas y amarillas coronadas por la bandera estelada, mientras ocupábamos sendos lados de un sofá.

Conozco a Quim Monzó de haberle saludado un par de veces. Considero que han sido siempre encuentros cordiales e interesantes. En Twitter hemos mantenido una curiosa historia de seguirnos y dejarnos de seguir que algún día espero poder comentar con él en persona. Obviamente lo conozco más por sus libros y artículos. Admiro y he admirado siempre su mala leche, su ironía y su capacidad de generar puntos de vista imprevisibles. Así que no debería haberme sorprendido esta vez. Y sin embargo lo hizo.

Por un momento pensé en agradecer la cortesía de haber pensado en mí. De tender un puente hacia un don nadie como yo. Pero enseguida me contuve. Y menos mal que lo hice, porque comprobé que formaba parte de una estrategia. De un plan. Y que había sido víctima del mismo. Igual que los hermanos Pau y Marc Gasol, Julia Otero y alguno más.

No estamos hablando de invitar a la gente que te apetece. Estamos hablando de phishing político. Y por eso, estimado Quim, lamento mucho decirte que es el momento de declinART.

Es el momento de declinART. Una invitación pública deja de ser una invitación. Una invitación pública es una campaña. Un uso ilegítimo del nombre de otro para mandar un mensaje a los que nos miran. Escudada tras una presunta formalidad, disfrazada de acto generoso y educado, la intención no es otra que la de buscar el barullo polémico de una aceptación o un rechazo. Y hoy, de mí, no vas a obtener ni lo uno ni lo otro, sino simplemente una amable declinación.

Es el momento de declinART. Y mira que me hubiera encantado comprobar de primera mano lo que se cocía ahí este 11S, como he hecho otras veces, pero tu @Araeslhora ha confirmado mis peores temores: esto no va de incluirse, sino de definirse políticamente. Y mientras el voto sea secreto, cualquier empujón para definir tu filia política puede ser considerada no sé si violencia ideológica, pero sí desde luego moral. Y de muy mal gusto, también.

Es el momento de declinART. Yo siempre me he posicionado cuando y donde he querido, jamás cuando otros me han obligado a hacerlo. Le tengo alergia a la imposición. Me molesta soberanamente que se me  utilice y que se me obligue a salir del armario, de la cómoda o de dondequiera que me haya dado la gana meterme. Que cada cual se acueste con quien quiera. En la cama y en las urnas, también. Y que lo haga público cuando y donde le dé por ahí, jamás cuando le empujen a hacerlo. Por eso, cuando alguien me apunta con el dedo para forzarme a tomar partido, mi reacción suele ser la de negarme y sobre todo, preguntarme el porqué. No nos señaléis, rezaba Enric Hernández. Meteos el dedo en el culo, añado yo.

Es el momento de declinART. Pretendo seguir leyéndote a ti y a tantos otros con la distancia necesaria hacia las ideas que compartimos y las que no. Y sobre todo pretendo olvidarme lo antes posible de este episodio, que deja en evidencia que incluso las personas más inteligentes pueden cometer una estupidez.

Que soy catalán nadie lo puede poner en duda.

Que no puedo ni siquiera agradecerte esta invitación, también.

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