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La banda Hinds Deers

Hinds, las ciervas madrileñas que ya conoce todo el mundo

Anna Pacheco y Andrea Gómez

“¿Pero esto va a funcionar? Lo digo porque os estais emperrando, no es posible que paséis 20 horas encerradas en una habitación cantando la misma canción…”. Son palabras de madre. De esto ya hace ya un año, era invierno, y la casa de Carlota se había convertido en una especie de local de ensayo improvisado. La madre no entendía nada. Ana Perrote (guitarra y voces) y Carlota Closi (guitarra y voces) repetían en bucle las mismas canciones del EP Demo, y ese hit, Bamboo, que solo un año más tarde recorrería Europa y enamoraría al cantante de Black Keys. Pero entonces, ni Ana ni Carlota se imaginaban lo que iba a pasar. Ni la madre de Carlota que, de repente, había pasado de tener una hija estudiando medicina a tener a dos descontroladas haciendo garage en su casa hasta las tantas.

La mitad de Deers –por aquella época se llamaban Deers y no Hinds, a la práctica nada importa, siguen siendo ciervas en inglés– ya habían empezado a componer y sólo bastarían dos bolos en Madrid para darse cuenta de que necesitaban más chicas en el escenario: “Nos dimos cuenta de que nos faltaba una batería cuando en uno de los primeros bolos en Madrid la gente empezaba aplaudir para marcar el ritmo”, recuerda Ana riéndose, ése fue el momento definitivo para asumir que Amber (la batería, rubia albino y rasgos holandeses) tenía que incorporarse de urgencia. Y también Ade (bajista), la convencieron para que se uniera regalándole un bajo para su cumpleaños. Y así, las cuatro, Hinds, actuaron por primera vez en abril del pasado año. Al día siguiente de ese primer concierto, su bandeja de Gmail echaba humo. Desde entonces ya las han reseñado en medios como el The GuardianPitchforkNME y hasta grabaron una sesión para la BBC. Han teloneado a bandas como Black Keys o The Libertines y su gira las ha llevado desde Tailandia a Australia y hasta a los pubs más modernos de Paris, Amsterdam o Londres. Tiempo récord, menos de un año. Y solo cuatro canciones colgadas en su Bandcamp sin demasiados apaños ni arreglos. Garage indie ruidoso muy de estar por casa. Letras en inglés. Nada pretencioso. Y sin embargo, pum, todo un éxito. Ninguna de ellas supera los 23 años de edad.

Antes de la banda, las Hinds se conocían “de la noche madrileña”, pero nada más. Ahora son una especie de familia itinerante: graban y componen, cuelgan su vida en Instagram, giran por Europa, comen pizza, salen de fiesta, pasan por hoteles (también hostales, campings y sofás de amigos) y escuchan mucho garage y hip y hop. Y sobre todo parece que se lo pasen muy bien todo el rato. “Estamos viviendo una especie de sueño que ni siquiera nos han dado tiempo a tener”, comenta Ana. Y Carlota, añade: “Nos hemos colado en el mundo de la música totalmente”. Solo Amber y Ade tienen estudios musicales, Carlota y Ana están aprendiendo sobre la marcha. Aquí va un adorable relato de sus inicios del blog de Carlota. Y quizás es eso lo que las hace diferentes: no tienen las manías de los músicos de tota la vida, son charlatanas en el escenario, no se cortan en decir lo mucho que les emociona estar tocando en Amsterdam, o en cualquier lado, y saben reírse mucho de sí mismas y sus torpezas de novatas: “Nos reímos mucho de lo pringadas que somos a veces, por ejemplo, nos pasa que no de repente descubrimos que no sabemos con quién vamos a tocar o entendemos mal al promotor con el tema del alojamiento y acabamos durmiendo en una Quechua en el suelo…”.

Mientras digieren esta meteórica carrera, reconocen que a veces les cuesta dormir. Sobre todo cuando están en la cama, en su cama de toda la vida, en Madrid. “Es el mismo techo que has estado viendo durante 20 años y, de repente, ya no estás pensando en el examen de mañana sino en la gira de la semana que viene, que estaremos en Australia, o algo así”. Cuesta de creer eso, y que los amigos te digan “se oye hablar de vosotras en todos los garitos de Londres”. En pleno proceso de grabar su primer disco, y liadas ahora en una gira mundial, las Hinds no tienen tiempo para nada. De momento, los estudios han quedado a un poco al lado (vienen de disciplinas diversas: medicina, relaciones públicas, arquitectura o fotografía), pero poco a poco la música lo está absorbiendo todo. La familia contempla este fenómeno entre fascinada y aterrada: “Son conscientes de que nos está yendo muy bien, pero a veces cuesta entender que con la música es muy difícil ganar dinero”, afirman. Y es que, por ahora, el dinero da para cubrir gastos y para nada más: llenar el combustible de la furgo, que normalmente conduce algún amigo suyo, y para alimento y cobijo. “Cuando giramos por España tenemos que suplicar a algún amigo para que nos acompañe para recordar que tenemos amigos y que nos lo pasamos bien juntos. Fuera de la gira, casi no tenemos tiempo de nada”, se lamentan, aunque con humor, del poco tiempo que les queda para hacer otras cosas que no sea Hinds.

Además de tocar y ensayar, nos cuentan que son un poco “freaks de las redes sociales y a las estadísticas”. Hablan cada día (a través de mayúsculas, selfies y fotos en aeropuertos) a sus más de 15 mil fans en Facebook y otros tantos más que suman entre Twitter e Instagram. “A nosotras nos gustaría saber qué hace The Strokes cuando no están tocando, así que eso es lo que hacemos nosotras. Contarlo todo”, señalan. Son un grupo muy del siglo XXI. La espontaneidad que tienen hablando con nosotras es la misma que tienen en el escenario. Nadie diría que no han estado toda la vida tocando, o formando parte de una girl band.

Este verano van a estar rodando por un montón de festivales –grandes y guerrilleros como Arenal Sound, FIB o SOS, y más pequeños e íntimos, como el Vida Festival–. Por primera vez, van a ser ellas las que estén encima del escenario y no de público eufórico. “Nunca hemos tocado en un festival así, real, yo creo que nos va a flipar porque nos encanta el verano y nos encanta tocar, son las dos cosas que más nos gustan”. Y así nos despedimos de ellas, tan enérgicas y divertidas como nos las hemos encontrado. Dicen que llevan días de gira sin parar, viajando y comiendo muy mal. Nadie lo diría. Parece que hay Hinds para rato.

Post publicado en el blog Jóvenes (sobre) salientes

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