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Vuelta a la casilla de salida

Javi López

Europa vuelve a la casilla de salida. A las puertas de la tercera recesión en cinco años. La marea llega ya hasta la infranqueable fábrica alemana. Estancamiento, de nuevo, en la zona Euro y esta vez acompañado de una deflación con aroma japonés. Los mercados, de nuevo, nerviosos: la bolsa volátil, la prima de riesgo se tensa y test al sector bancario a la vista. En Bruselas se vuelve a contener la respiración ante unas elecciones en Grecia y Europa, de nuevo, es señalada por todos como la culpable de la débil recuperación económica mundial.

El último capitulo de la Gran Recesión es de sobras conocido. Pero no por ello es menos doloroso. Dolor autoimpuesto producto de nuestra política económica en forma de austeridad a toda costa como si de cicuta para purgar nuestros errores del pasado se tratase. Recetas dogmáticas, arrogantes y moralistas con el sello de la Canciller Merkel que desechan todas las herramientas que el sector público tiene para salir de una crisis y que se imponen a los Estados Miembro con una telaraña de normas fiscales comunitarias.

Eso sí, la correlación de fuerzas en la guerra abierta en el Euro se tambalea. La derecha pierde peso en el Parlamento Europeo. Todos los analistas, editorialistas y organismos internacionales claman: ¡Activad inversiones públicas e imprimid billetes como palanca para la demanda! Al tiempo que Francia e Italia lanzan sus respectivos órdagos con Presupuestos que incumplen los objetivos de déficit.

Draghi y el BCE mueven ficha en Jackson Hole para pedir política monetaria expansiva. Los socialistas arrancan al nuevo Presidente electo de la Comisión, Juncker, un plan de estímulos fiscales de 300.000 Millones de € que debería ser impulsado por el BEI.

A todo ello, España, como si la cosa no fuera con ella. Intentando jugar el patético papel de alumno aventajado: “En nuestra casa la cosa funciona”. Olvidando los parados, los pensionistas recortados, los consumidores de servicios públicos degradados, los jóvenes forzados a emigrar o los trabajadores con salarios devaluados y condiciones precarizadas.

Mientras tanto, elegimos nueva Comisión Europea, tras el letargo Barroso II. Una elección que corresponde a los gobiernos pero en la que el Parlamento se ha ganado a pulso su espacio. Las audiencias de los Comisarios, una suerte de Factor X parlamentario pero democráticamente muy exigente, se han cobrado su ya habitual cabeza (Bratusek) y marcado a varios comisarios haciendo cambios de carteras y nuevas supervisiones.

Cañete, y el Gobierno del PP, sale especialmente mal parado. Señalado y criticado por todos. Una candidatura manchada de incompatibilidades manifiestas, declaraciones “inapropiadas”, lagunas financieras y una gestión contraria a los propios objetivos de la Unión a lo que su propia cartera se refiere. Cañete salva su silla solo tras volcar a todo el Partido Popular Europeo a utilizar a Moscovici, pieza clave de los socialistas, como rehén en las negociaciones. Eficaz pero lamentable. Y a ojos de todos ha quedado.

La Comisión gana en pulso política, innova en su organigrama y repite un paupérrimo y doloroso balance entre hombres y mujeres (19 a 9). Contiene varios Comisarios controvertidos: Educación y Cultura, tras quitarle Ciudadanía el Parlamento, el ministro de exteriores de Viktor Orban y responsable de su peculiar "reforma" de la justicia (Navracsics). Inmigración, la mano dura en los Gobiernos de Samaras en los ministerios de defensa, exteriores y sanidad (Avramopoulos). Serviciós financieros el Tory exlobista de la City (Hill).

El área económica, verdadera piedra de toque de la guerra en el Euro, es especialmente inquietante con dos halcones de la austeridad en las vicepresidencias de área (Katainen y Dombrovskis). Verdaderos cocineros del veneno impuesto por el Consejo como primeros ministros de Finlandia y Letonia.

Pero entre los nuevos miembros de la Comisión Europea también destacan dirigentes socialistas europeos como Frans Timmermans, nuevo vicepresidente primero de la institución; Federica Mogherini, nombrada Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y de Seguridad; y Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos y Financieros. Todos ellos tendrán responsabilidades determinantes y han repetido durante las audiencias en el Parlamento la necesidad de replantear cambios en la política económica, el impulso del plan de inversión de 300.000 millones de euros ya anunciado y recuperar la ambición de la política exterior de la UE.

Las instituciones europeas deben ponerse en marcha pero los que queremos el impulso de políticas contra-cíclicas, recuperar la dignidad de las instituciones comunitarias y reactivar lo que había sido hasta ahora el motor europeo, la solidaridad, reconocemos que esta batalla no ha caído de nuestro lado. Por todo ello, junto al socialismo español, no votaré a la futura Comisión Europea.

La correlación de fuerzas se mueve y resitúa pero Europa vuelve a estar en la casilla de salida. Pero lo que es más importante, a fuerza de volver siempre al mismo lugar, ha cambiado todo. La pizarra de los datos macro se repite pero el paisaje político-social es irreconocible. La pobreza, el desempleo o la miseria en muchos lugares es insoportable. Las instituciones europeas padecen de un grave deterioro. Las crisis políticas se convierten en crisis de régimen en varios países. Los partidos populistas atenazan y condicionan viejas democracias europeas alzando la bandera antieuropea.

El mundo se parece poco al de hace cinco años y el orden internacional se descompone. Se construye un anillo de fuego en torno a Europa, plagado de conflictos y con varios Estados fallidos que reflejan la impotencia de nuestra política internacional y muestran crudamente nuestras debilidades; especialmente, la dependencia energética.

Se vislumbra un largo camino plagado de minas para los que queremos recuperar el alma de Europa: la vocación de construir un espacio de dignidad compartida. Pero lanzamos la advertencia de antemano: a costa de volver tanto a la casilla de salida podemos acabar cayendo en la casilla de la calavera. Porque como nunca, todo está en juego.

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