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La clave

El 'procés', el dedo y la luna

Enric Hernàndez

Estos son los hechos: 7 de julio. El diario El Mundo desvela que en las Navidades del 2010 cinco familiares del expresident Jordi Pujol -su esposa Marta y sus hijos Pere, Oleguer, Marta y Mireia-realizaron 11 ingresos en la Banca Privada de Andorra (BPA) por un importe global de 3,4 millones de euros.

9 al 11 de julio. En el Parlament, la actividad política de enjundia no se desarrolla en el hemiciclo, sino entre bambalinas: los pasillos son un hervidero de rumores y por el despacho de Artur Mas desfilan los principales dirigentes de CDC, incluido Oriol Pujol. Algo muy serio se está tramando en las filas convergentes

14 de julio. Las intrigas cristalizan ese lunes con la definitiva dimisión de Pujol -anunciada a horas intempestivas- como secretario general de CDC. El que fuera hereu en la sombra alega el que no quiere dañar el «proceso nacional» en marcha. Pero omite que ese mismo día él, su madre y tres de sus hermanos han regularizado ante Hacienda cuatro millones de euros que tenían ocultos en Andorra, acogiéndose al último resquicio de la amnistía fiscal.

25 de julio. El expresident Pujol asume toda la culpa al confesar que esos fondos proceden de una herencia opaca recibida de su padre en 1980, y que en 34 años «nunca se encontró el momento adecuado para regularizarla». Fin de la cita.

En política nada es lo que parece. Ni Oriol Pujol dimitió solo por el caso ITV, ni la inmolación de su progenitor obedece a un súbito arrepentimiento. Ante  la justicia deberá aclarar la identidad de esa «persona de máxima confianza» a la que encargó en 1980 la administración de la fortuna evadida al Fisco: por qué en 1990, en vez de aflorarla, confió su gestión a uno de sus hijos; y qué destino se dio a esos fondos.

Demasiadas sombras se ciernen sobre el patriarca de Catalunya, cuyo inmenso legado político queda irremediablemente empañado. Asombra que, sabiendo el secreto que ocultaba, se rasgara las vestiduras al ser acusado de tener cuentas en paraísos fiscales. Y aún sorprende más que Mas, en vez de limpiar su patio trasero, tache de «tema personal» lo que entonces eran ataques a Catalunya. Tras tan terrible confesión, ya no vale apelar al procés para que los necios miren al dedo y no a la luna.

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