Ir a contenido
Albert y Javi creadores de Miss Wood

Las maderas que decoran y te dicen que sonrías

Anna Pacheco y Andrea Gómez

Dos jóvenes emprendedores han creado Miss Wood, una empresa dedicada al diseño ingenioso de la madera

Consejo (sobre)saliente: que si tienes un proyecto y no te va la vida en ello para comer, y puedes empezar ese proyecto, y eres joven, inténtalo. Sino siempre pensarás ¿qué habría pasado? Hay que estar despierto. La gente que dice "No soy creativo, no tengo ideas, es agotadora. Sólo se trata de estar despierto". No mirar los blogs que todo el mundo mira, hacer lo que no hace todo el mundo.

Llegamos a la estación de Granollers del mismo modo que si acabáramos de cruzar el estrecho, o cruzar media Europa, o no sé. Hemos salido de buena mañana, de Barcelona, con actitud aventurera (cargadas con nuestros bártulos: libreta, cámara, pato y dieciocho mil bolígrafos, porque eso de que nunca se sabe). Albert y Javi nos esperan a las puertas de la estación, en su coche, y un reconfortante "serán solo cinco minutos" alivia la espera hasta llegar a tan esperado destino. Vamos al taller de Miss Wood –señora madera, ahí es nada–. Y por las fotos que hemos visto en Internet nos imaginamos a dos artesanos, trabajando, mano a mano, en una cabañita nórdica, camuflada entre abetos y nieve. Talando maderas, pensando mensajes, puliendo con gracia tipografías que son auténticas maravillas.

De momento, nos han venido a buscar a la estación dos chicos vestidos con ropas modernas y deportivas, e imaginamos que son ellos los "carpinteros" con quienes hemos estado interactuando vía e-mail estos días, Albert y Javi. Y sí, son ellos. Nos dicen que nos van a llevar a Franqueses del Vallès, localidad próxima a Granollers donde se encuentra la casa-taller. Lo sospechábamos: esto no son los alrededores de Olso, el paisaje no puede ser más mediterráneo y ellos nos hablan en idiomas que entendemos perfectamente. Alternan indistintamente catalán y castellano, nos hablan de los Blancs i Blaus (fiesta mayor de Granollers), de Barcelona, de lugares por donde salir, de fiestas de pueblo. Y captamos al momento que estos dos chicos, de 23 y 24 años, son "molt de la casa" y que Miss Wood, a pesar de esa estética cuidadísima como muy del norte de Europa, o de Canadá, es un producto artesanal 100% catalán, de principio a fin. Y eso nos gusta aún más.

Aparcamos frente a la casa de Albert. Una casa que, al cruzar la piscina, se convierte en taller como por arte de magia. Albert ha invadido poco a poco el territorio familiar, cuál hijo okupa, y ahí, en la zona que en otro tiempo sirvió para hacer barbacoas y trastero de cosas inservibles, se encuentran los woodies, maderas de diferentes tamaños con mensajes en inglés de ser muy felices, de vivir muy a tope la vidade querese mucho a uno mismode tener una casa bonita en Hawaii o en Palamós o de venirse muy arriba y mimar tu ego de buena mañana. Todo así, mensajes felices. [Pinchad los links si no lo habéis hecho hasta ahora, porque es imprescindible para seguir con la lectura]. Visto así, con cara y ojos, es muy fácil explicar, pero antes de que el woodie tuviera forma de woodie, explícale tú a la abuela de Albert qué gracia tiene pintar madera con letras y convencerle de que, eso, a la gente le va a gustar. "Es un producto que se lo explicábamos a nuestros padres y no lo entendían, pero siempre nos apoyaron y nos dijeron que si creíamos en él, adelante", explican Albert y Javi. Y no se equivocaron. Los woodies han triunfado (la fiebre  por lo maderil y las cosas bonitas ayuda, sí) pero ellos no se consideran una moda, porque al fin y al cabo la madera en decoración siempre ha estado ahí. De hecho, no sólo hacen maderas decorativas, sino que poco a poco buscan darle nuevos usos a la idea original. Ahora, por ejemplo, han sacado la colección de relojes Woodie Watch.

Inicios de Miss Wood

Y como casi todas las cosas del mundo, la idea del "woodie" llegó un poco como por casualidad. La hermana de Albert fue de luna de miel a Nueva Zelanda y trajo un souvenir curioso. Atención, mensaje a intrépidos viajeros: existen souvenirs más allá del "Fui a Jaen y me acordé de ti". El souvenir era una pequeña madera con una frase estampada. Albert (por aquel entonces creativo becario en la agencia BUM, la del controvertido spot de "Envàs On Vas?") le comentó a Javi (product manager en Westwing España) un mira "qué chulo el regalo de mi hermana, que esto aquí no se hace, que en otros países, sí, y que vamos a hacerlo, o qué". Y Javi tardó nada y menos en darle un sí muy convincente. Mano a mano, empiezan a dar forma a Miss Wood y le dan nombre de Miss, aquí el toque elegante de dos tipos que han estudiado publi y les ha servido de algo, empiezan a pensar en el primer prototipo, el material y contactar con proveedores. Y esto del final es el gran QUÉ del asunto, porque cuando eres joven y montas tu tinglado, mucho jiji y mucho jaja, pero los mayores te miran raro, te dicen que para qué diantres quieres no-sé-cuántos-toneladas-de-madera y que eso de los woodies qué es y qué garantías. Al final, Albert, "porque Albert para esto es un pesado y si tiene que llamar a 20 sitios, él lo hace" –cuenta Javi, con cariño–  consigue un proveedor bueno y fiable, que les corta las maderas como les piden (¡aleluyah! no era tan difícil) y les permite tirar adelante con los chismes de madera.

A Albert se le acaban las prácticas –está bien eso de poner punto y final a tu época de becario en algún momento de la vida, probadlo– y Javi está de contrato, y bien, y a gusto, pero pasa más tiempo pensando en Miss Wood que en lo suyo. Así que dice adiós a la empresa (lo que oyen, deja el trabajo) y se dedica de pleno a Miss Wood. "Es una decisión arriesgada, pero pensé que si no hacía esto ahora, que no tengo hijos, que no tengo 40 años, no lo iba a hacer nunca. Tampoco necesitaba una gran inversión para seguir con Miss Wood, con los ahorros que tenía podía ir tirando", explica Javi. Tiene claro que esto sólo se puede hacer si vives con los padres, es verdad, pero también si confías muy fuerte en un proyecto como Miss Wood que, al final, ha dado resultados. De los 4.800 euros por cabeza (Albert y Javi) que invierten de capital inicial, todo está recuperado. La jugada les ha salido bien: si al principio solo compraban amigos y amigos de amigos, ahora compra mucha gente, también de Francia. Incluso llegan pedidos de Argentina y Canadá a los que no pueden atender -de momento-por temas de gastos de envío. Paciencia. Luego está la gente de Canarias, eso es otra dimensión, que están aquí abajo pero parece que estén a años luz de distancia y enviar un paquete cuesta cinco veces más que a La Coruña. Todo el tema de administración, envíos y la bendita Hacienda lo controla la madre de Albert que ha asumido (por voluntad) el rol de contable. Y ella, encantada. Tened madres para esto. Además de Internet, los woodies también se pueden comprar en puntos de venta físicos, pero puntos de venta bonitos, claro que sí. No se conforman con estar en cualquier lado, mucho menos en El Corte Inglés. Lo suyo son tiendas pequeñitas, que apuestan por la artesanía, las cosas bien hechas y lo vanguardista como 'Mercantic' (en Sant Cugat), la 'Talenta' (en el barrio gótico) o la tienda 'Oh My God' (en el Born). Aunque reconocen la importancia de las redes sociales, del estar al día, en contacto con los clientes y avanzando producto -echarle un ojo a su Instagram, es una verdadera gozada- "las redes sociales nos han dado el 80% de lo que somos hoy", admiten.


El futuro por delante

Desde septiembre trabajan en plan más serio y con horarios fijos, bueno, eso es relativo, que Javi es el "tardón" y Albert un madrugador incurable, de los que se levanta a las 6 para ir a a hacer surf. Hablar del tema horarios es como destapar el cajón desastre de un matrimonio bien avenido, pero con sus pequeños trapos sucios. "Vale, yo soy un tardón, pero Albert es un desordenado, típico creativo, ya se sabe…". Albert se echa a reir. Albert tiene muchas ideas, no para de pensar, llega a su casa y se pone a mirar cien blogs de diseño. Javi, en cambio, es más pragmático, resolutivo, "¿quiero hacer esto?, pues pensemos cómo, qué necesitamos". "Yo no tengo ideas y Albert muchas", dice Javi. Y así se las apañan. Lo que les falta a uno, lo tiene el otro y al revés. Javi monta los vídeos, Albert crea los diseños y se pelea con Photoshop para cuadrar los woodies personalizados que pide la gente, porque aquí cada cual puede pedir su frase y ellos os la ponen en formato bonito en una madera. [Queremos desde aquí saludar a la familia que encargó un woodie gigante para colgar en casa con normas del tipo "no sollozar", "dar siempre las gracias" y "abrazarse mucho". Bravo, familias modernas]

Pero no solo eso. Los woodies lo están petando tanto en tan poco tiempo que ya han llegado a dos grandes colaboraciones con empresas de nivel. Primero, en la confección de un 'lettering' brutal que han pintado (a golpe de brocha) para el restaurante Monchos. Un mural enorme de 14m x 2m de largo, una especie de macro woodie que ha traído dos semanas de intenso trabajo y que ahora mismo supone lo mismo que "tener una valla publicitaria en pleno centro de la ciudad", explica Javi. Y, luego, la locura ha sido recibir una llamada de los organizadores del festival Arenal Sound, en Burriana. Miss Wood se encargará de decorar con woodies la parte VIP del festival, además de diseñar algunos personalizados para los 60 artistas que participarán. Esto es mucho pastón, sí. Pero sobre toda mucha imagen para ellos, que tendrán un stand para enseñar los productos, serigrafiar en vivo maderas y mostrarle a los sounders las cosas bonitas que se pueden hacer sobre madera. Y porque bailar y cantar al ritmo de Placebo, Die Antwoord o Crystal Fighters rodeado de carteles con escritos 'Don’t walk, dance', 'You only live once' o 'Hey you! Smile', podría calificarse de experiencia casi onírica.

Este post se ha publicado originalmente en: Jóvenes (sobre)salientes

0 Comentarios