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Elogio a la diplomacia cultural

Xavier Ginesta

En el año 2007, la ciudad de Rosarito tenía un 70% de su policía implicada en casos de corrupción. Y el 30% restante incapacitada para poder hacer frente al narcotráfico que devasta desde hace años la frontera entre México y los Estados Unidos. Las municipalidades de la Baja California eren presentadas en la prensa "de arriba", desde San Diego a Los Ángeles, como una reminiscencia de las ciudades sin ley del oeste del continente americano. Y, "aunque en California haya muchos más muertos que aquí, en esta zona todo se magnifica", se lamentaba Juan Pablo Sebastián, periodista del diario Ecos de Rosarito.

Hugo Torres llegó a la alcaldía de esta ciudad en 2007, y presidió el consistorio hasta el 2010. Hombre de negocios, hotelero y empresario de los medios de comunicación, tubo que hacer frente a este contexto delicado desde el comienzo de su mandato. Hacía falta una limpieza a fondo, o no volverían las inversiones, ni a través del turismo ni con empresas que quisieran establecerse en la zona. En el año 2007, Rosarito sufría una doble crisis: la económica, que ya se vislumbraba entre los mejicanos --"un año antes corrían ríos de dólares", me explicaba el pintor David Silvah--, y la de la corrupción.

"Cuando llegué a la alcaldía, la policía no podía hacer frente a la tecnología que usaban los narcos, ni nuestras armas eran suficientemente buenas", se lamentaba Torres en su despacho del hotel Rosarito Beach. Y añadía: "Usamos el ejército para limpiar la ciudad y, cuando en 2008 acabamos esta primera fase, iniciamos el proceso de promoción de la zona." El más interesante del caso, pero, ha sido la manera como Rosarito ha vuelto a ser atractiva para los forasteros --sobretodo, norteamericanos que se desplazan a Puerto Nuevo para degustar langosta, a precio de saldo, y se broncean en la playa. Las campañas de publicidad que se diseñaron justo después de la intervención del ejército no fueron demasiado efectivas, "ya que en California se había instaurado el frame que Rosarito era insegura", explicaba el ex alcalde. Pero, fue gracias a un profesor del Emerson College de Boston, Gregory Payne --asesor, entre otros, de Hillary Clinton--, que el concepto de diplomacia cultural ejercida a través de los 'grassroots' [las bases sociales] fue tomando cuerpo, como base de la nueva estrategia de 'rebranding' de la ciudad.

Con su apoyo, comentaba Torres, "en 2011 se creó el Comité Ciudadano de Imagen de la Baja California, que desde entonces asesora a la Secretaría de Turismo del estado de la Baja California en aspectos de posicionamiento territorial de la zona". De hecho, la revalorización de la oferta cultural de esta área --a través de la organización de macro festivales o la promoción de pintores locales-- "ha permitido, poco a poco, cambiar el 'frame' dominante entre la prensa del otro lado de la frontera", comentaba el profesor Payne momentos antes de inaugurar una exposición de intercambio cultural entre pintores catalanes y californianos, en la Baja Gallery de esta ciudad del norte de México. Este abril, la pintora figurativista vigatana Rosa Bayot tiene parte de su obra dedicada a los 'castellers' --titulada para la ocasión 'Barcelona, hands on!'-- expuesta en Rosarito, como contrapartida a la visita que los artistas mejicanos David Silvah, Núria Benítez y Antonio Proa hicieron en noviembre del 2013 a ACVic Centro de Artes Contemporáneas, aprovechando que Payne viajaba a Catalunya en motivo del congreso europeo de Relaciones Públicas, Euprera. 'Barcelona, hands on!', es una muestra que pretende transmitir, a través del simbolismo de los 'castellers', la unión, la integración y el esfuerzo colectivo necesario para conseguir cualquier objetivo.

El proceso de 'rebranding' de Rosarito pone en valor el rol de los intercambios culturales como motor del posicionamiento de ciudades en el mercado mundial de destinaciones turísticas y de inversiones. A la vez, evidencia la necesidad de una academia que deje su torre de marfil y se ensucie las manos colaborando con las comunidades locales para mejorar su desarrollo. "Hicimos una gran campaña de crisis management. Fui un autodidacta, pero con la ayuda del profesor Payne pudimos volver a inculcar que la ciudad era segura", se felicitaba el exalcalde Torres, bajo la atenta mirada de su hijo y el nuevo gerente (catalán) del grupo Rosarito.

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