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Análisis

¿'Descensor' social sin ningún freno?

Xavier Martínez Celorrio

Las políticas de austeridad, devaluación salarial y recortes públicos que Rajoy y la troika europea nos venden como «reformas estructurales» no son capaces de impulsar el crecimiento. Al revés, crean tanta desigualdad social y de ingresos, que cortocircuita un modelo capaz de absorber los millones de parados provocados por esas mismas políticas. Los economistas Stiglitz, Krugman y Piquetty no se cansan de denunciar las políticas de austeridad como suicidas. Son políticas de dolor y de destrucción del bienestar del todo innecesarias e injustas y, por tanto, ideológicas.

Hay alternativa si se reactivaran las políticas de crecimiento y liquidez a través del Banco Europeo de Inversiones. Hay alternativa si se acuerda una política fiscal europea conjunta. Hay alternativa si se aprobara una tasa Tobin para recaudar 35.000 millones de euros gravando la movilidad de capitales. Hay alternativa si se ataca la evasión fiscal que se esconde en paraísos de la misma Europa (entre 12 y 27 billones de dólares). La socialdemocracia alemana o francesa no pueden con las fuerzas oscuras que bloquean todas estas alternativas. De ahí, la resignación explosiva que se va acumulando entre las clases medias y trabajadoras empobrecidas por la troika.

Para suavizar las cosas, desde ciertos círculos empieza a extenderse un frame o discurso que nos vende la «nueva normalidad» en la «era de la austeridad». Nos dice que habrá un lento crecimiento económico dual basado en las exportaciones y los bajos costes laborales. Pero sin necesidad de recuperar gran parte de la demanda interna hoy famélica. Se nos quiere naturalizar y vender la dualización social como algo inevitable. Es falso, temerario e injusto.

La dualización social no son solo cicatrices que dejará la crisis. Es un nuevo modelo de estratificación y desigualdad que consolida un descensor social masivo. Por un lado, las élites directivas y las clases profesionales conectadas con la economía global se consolidan como núcleo central del bienestar más privilegiado, segregados en barrios o comunidades más exclusivas y cerradas. Por otro lado, una concentración más densa y hacia bajo de un gran conglomerado de nuevas clases populares donde las clases medias-bajas, el precariado juvenil sobreformado y las clases obreras van a compartir un conciencia de devaluación y desposesión injusta.

El escenario español poscrisis puede ser aún más dramático. Todas las reformas del PP van encaminadas a reducir el gasto público del 45% al 35% del PIB. Educación, sanidad, servicios sociales, dependencia, cultura y ciencia dejan de ser derechos e inversiones sociales para comercializarlas o abandonarlas. Dice un gran banquero que ya tenemos el mercado de trabajo más flexible de Europa. Ahora pretenden una protección social compasiva y de mínimos.

No puede haber alternativa si la izquierda tradicional sigue siendo lo que fue. Necesitamos una nueva izquierda realista y transformadora pero no ilusa ni frívola. Como paradoja perversa, es posible que la izquierda vuelva a gobernar en el escenario poscrisis. Maniatada por haber constitucionalizado el límite de déficit en la reforma exprés de Zapatero. Pero forzada a luchar contra el descensor social masivo con estrategias innovadoras y audaces para responder a un desafío tan excepcional como histórico.

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