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Desigualdades: un problema político más allá de los datos

Javier López

La crisis lo ha cambiado todo. La gran recesión está teniendo un enorme impacto económico, institucional y electoral. El paisaje social que se aposenta es propio de un erial. Y la mayor y más relevante consecuencia es un espectacular aumento de las desigualdades en nuestro país. Clases medias empobrecidas por la crisis, un desempleo masivo que pone en buena parte de la población bajo el umbral de la pobreza (actualmente en Catalunya un 21,9%) y una minoría acomodada a la que nada parece afectar. Las rentas han caído a los niveles de hace 10 años y España es el país de la OCDE donde más crecen las desigualdades. Unas desigualdades con un importante componente generacional.

Las recetas que aplican los poderes públicos no hacen más que empeorar la situación. La combinación de devaluación interna y austeridad está resultando letal. La devaluación interna está significando un mayúsculo empobrecimiento en forma de bajada generalizada de salarios vía restricción de la negociación colectiva y disminución de la protección laboral. Los costes laborales unitarios caen desde 2010 y es el mayor retroceso de la UE.

La austeridad , una consolidación fiscal agresiva, disminuye las redes de solidaridad justo cuando más necesarias son e impide una de las funciones básicas del Estado social, la redistribución. Si añadimos un sistema impositivo disfuncional (con poca capacidad de recaudación en rentas altas) obtenemos políticas públicas literalmente regresivas. La austeridad también hunde la demanda agregada, aumenta el paro y empeora el cuadro macroeconómico.

Todo esto cuando España y Catalunya todavía no habían consolidado sus Estados del Bienestar. Cuando buena parte de la población ya vivía bajo condiciones laborales precarias. Cuando ya éramos un país con importantes desigualdades llega la crisis y las hace insoportables.

¿Pero las desigualdades son sólo números? Nada más lejos de la realidad.

Las desigualdades tienen consecuencias sociales. Excluyen a parte de la población de las necesidades básicas. La idea de dignidad moral de la persona no se puede disociar de unos mínimos recursos materiales. Pero las desigualdades actuales no son sólo inaceptables desde una perspectiva igualitaria. Desde el republicanismo impiden el ejercicio de los derechos de ciudadanía y desde el liberalismo merman la autonomía individual.

Las desigualdades tienen consecuencias institucionales. Corroe los pactos sociales y hacen a la larga las instituciones insostenibles. Provocan un efecto tóxico sobre un elemento central de la democracia: la confianza. La confianza mutua y la confianza en las instituciones. Una sociedad que rompe sus lazos de confianza está abocada a la tensión social y la inestabilidad institucional. No es casual que las generaciones que sufren con mayor dureza la crisis sean las que menos representadas se sientan. Si no abordamos las desigualdades con una poderosa maquinaria pública de provisión de bienes públicos e igualdad de oportunidades nos enfrentamos a una grave crisis de legitimidad de las instituciones.

Las desigualdades tienen consecuencias económicas. Distorsionan gravemente el mercado y la demanda. La desigualdad actual es profundamente ineficaz económicamente. Durante la etapa del boom de crecimiento los aumentos reales salariales habían sido escasos. El coste de la vida aumentó de forma espectacular por el precio de las viviendas pero este no se computa en la cesta de precios. Gracias al crédito fácil y barato el resultado fue una gran bola de deuda privada que funcionaba de espejismo en los bolsillos de buena parte de la población y de motor del crecimiento. Con el grifo del crédito secada el espejismo se ha desvanecido. Pero las terribles consecuencias macroeconómicas han quedado. Una población empobrecida y endeudada en un país donde el consumo interno era capital combinado con la austeridad presupuestaria provoca la anemia de demanda actual. Reequilibrar la riqueza permitiría desatascar una parte importante de la demanda agregada, incentivar el crecimiento y generar empleo.

El reto de fondo es reconciliar el mercado con la democracia. Rehacer el pacto social. Reescribirlo utilizando nuevos mecanismos de solidaridad. Pero será imprescindible volver a hacer del sector público un potente instrumento de redistribución. Si queremos solucionar buena parte de los problemas que han surgido en todos los flancos de la vida política catalana es uno de los grandes objetivos a alcanzar. Hacer una sociedad de iguales es la herramienta para hacerla más justa, estable y eficaz.

Informe Social 2013: Paro, pobreza y desigualdades en Catalunya FRC

Javi López, candidato del PSC a las elecciones europeas

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