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La vida alegre de una escritora nimileurista

La vida alegre de una escritora ni mileurista

Anna Pacheco y Andrea Gómez

Ainhoa Rebolledo es una joven escritora

Consejo (sobre)saliente: lo hago pensando como si se lo dijera a mi sobrina de 3 años, ¿vale? Les diría que no prueben la heroína, que lean mucho, y que hagan caso a las madres, aunque fastidie, porque luego viene el "te lo dije" y otros reproches y eso fastidia mucho.

Ainhoa Rebolledo (Santiago de Compostela, 1987) se ha puesto un jersey navideño para nuestra entrevista-vermut en un bar de Gràcia, el barrio donde vive. “¿Os gusta?”, pregunta. Y casi no nos da tiempo a responder, porque ella solita ya está navegando en otra conversación distinta en cuestión de pocos segundos. En realidad, le importa un pimiento la respuesta. Retoma la conversación del jersey de renos. Y se lo quita. “Mira, mejor con rayas”. Y continúa, a lo suyo. Lleva gafas –es una 'gafapastas' gallega, con poco acento, que ha vivido entre Madrid, Lyon y Barcelona–, y sonríe. Sonríe mucho. “Ahora voy a sonreír muy fuerte para que el camarero nos atienda de una vez”, dice estirando la mandíbula y mirando fijamente al señor del bar. Intenta poner actitud de dura, pero no puede quitarse la cara de simpática. El señor del bar, finalmente, nos hace un gesto con la mano. Su experimento social ha surtido efecto. Bien, bien.

Hábitos

En lo que dura un parpadeo –o en menos de lo que tardan en traernos el sifón– Ainhoa nos ha hecho un microbalance de su año (“he ido mucho a la Filmoteca, he leído muchos libros, visto muchas pelis y he sido muy feliz”); nos comenta que se acaba de leer Lolita, de Nabokov, y se exculpa un rato por haber tardado tanto en leerlo. Maldita sea, “ya sé que voy tarde”. ¿Y a quién admiras, Ainhoa? “A quién admiro o a quién envidio? Porque es  lo mismo, ¿no?” Y nos contesta que a Miranda Makaroff “porque es la única mujer española que conozco que hace lo que le sale del culo y vive de ello”.

Como buena chica frecuenta bares que es, su Foursquare “bodeguil” la delata (Bodega Casas>Bodega Iturre>Bar Pepe>Bar Tomás, etc.), no tarda nada en ponerse a salvar el mundo. Blasfema alegremente contra el ministro Gallardón y la nueva ley del aborto y confirma que “las Femen son todas unas guapas, aunque han tenido su efecto en los medios”.

Después de unos cuantos “qué mal está todo”, “España, qué drama” y algún que otro “ay, Cristo”, sin ser ella nada de eso, admite que se siente afortunada por tener 26 años y trabajo en una editorial grande. Además, le sobra tiempo para escribir lo que le da la gana en portales como elbutanopopular,  blisstopic (ahí la llaman “la tía” más fresca de la literatura española), Norma Jean Magazine, y mantener a flote ese blog-diario llamado “Let’s pretend we were drunk”, espacio de culto lleno de mayúsculas, referencias cinematográficas y literarias, viajes locos en Berlín y cosas que sólo entienden ella y dos o tres personas más.

Libros

Pero además de todo esto, Ainhoa ha publicado dos libros:  “Mari Klinski” (Honolulu Books, 2012) y, más recientemente, “Tricot” (Principal de Los libros, 2013). De éste último, 'Tricot', se ha dicho mucho, muchísimo. Es una especie de ‘rara avis’ de la literatura contemporánea que ni los mismos libreros saben aún muy bien cómo diablos catalogar. Y atención: prólogo del cineasta Nacho Vigalondo y epílogo del raro-entre-los-raros Didac Alcaraz para regocijo y alegría de todos.

Además, que Didac (persona a quien hay que seguir en Twitter si se quiere ser un poco feliz) también ha hecho los títulos de cada microcapítulo a base de tuits propios y, eso, lectores, es impagable. Para sorpresa de todos, Tricot lo han catalogado en la Fnac en la sección de literatura juvenil–infantil y, a Ainhoa, la idea en potencia de imaginarse una niña de 12 años leyendo su libro la inquieta y le encanta a partes iguales. El libro trata la vida desesperada de un grupo de veinteañeras culturetas a quien ella bautiza (épicamente) como la “Liga de Las Mujeres Extraordinarias”, que se cuentan la vida, los desamores y otras tragicomedias muy del siglo XXI mientras se dedican a tejer en una librería de Barcelona. Todo basado en hechos reales, por supuesto, claro, y aquí lo interesante.

Es una especie de Girls (la serie de Lena Dunham) en versión literaria–hardcore. Lo que Ainhoa escribe, a veces, pueden parecer un puñado de ideas inconexas, frases que te chillan, que te increpan, y reclaman tu atención con rigurosas y estratégicas mayúsculas. Ainhoa sin filtros: escribe “tal com raja” (si nos ponemos catalanes) pero lo maravilloso de todo es que el conjunto tiene mucho sentido. “Tricot nace a raíz de una relación con un hombre que me puso triste”, explica ahora contenta y rehabilitada, y también a través de las experiencias –algunas traumáticas, otras no tanto– de sus mejores amigas que, por cierto, son fácilmente reconocibles en el libro y que tuvieron la copia del ejemplar antes que todo el mundo para dar el visto bueno.

Pero Leopoldina Roble y Crisis Carballo, tan simpáticas ellas, dieron el beneplácito a todo muy fácilmente. Porque otra cosa quizás no, pero Ainhoa sabe ventilar las desgracias (ajenas y propias) con gracia. “El libro me ha servido como terapia para relativizar todo. Ahora cuando me encuentro con tíos gilipollas me divierto y sólo pienso que es una pena haber publicado ya Tricot y que ellos no aparezcan”. Pone una mueca divertida de resignación y cambia de tema a la velocidad de la luz. Sobre Tricot, también habla muy bien del equipo de prensa (Argumentaria), contratado por la editorial, y que lo dio todo para que Tricot estuviera en todos lados y cerraron varias entrevistas con EFERadio Nacional o La Vanguardia (y también Diari AraLe Cool o Catalunya Ràdio). Ojo al dato: el mismo equipo de prensa es el que lleva el libro de Belén Esteban, así que ustedes mismos aten cabos y todo lo que quieran.

La tercera novela

Ainhoa está embarcada ahora en su tercera novela y reconoce que ésta es la primera que ha empezado ella, por sí sola, sin que ningún amigo/conocido se lo haya propuesto, como las anteriores. Y ser escritora a los 26 años, pues tiene su qué. “A menos que seas un escritor muy guay como Vila-Matas, que puede escribir sobre el fracaso desde su casa de Pedralbes (guiño, guiño, referencia al libro 'Aire de Dylan')  lo normal para una 'nimileurista' como yo es que durante la semana anote frases sueltas en una libreta y los fines de semana me ponga a escribir más en serio”. Sacrifica sábados de Apolo (dramas barceloneses, volumen 1) y sesiones de conciertos (dramas barceloneses, volumen 2) para luego maldecirse si no le ha salido nada bueno.

Que sí, que está claro, que lo ideal sería otra cosa, ella lo sabe: poder desayunar, porque Ainhoa es de las puristas a las que les gusta levantarse pronto y comprar El País los domingos por la mañana, tomarse un café, ir a la biblioteca, leerse una ración de libros de Kafka, ver alguna peli y luego ya, si eso, ponerse a escribir. Pero no. Su realidad es otra, más difícil y probablemente menos romántica, pero lo lleva muy bien. “A mi eso que dice alguna gente de ojalá me toque la lotería para dejar de trabajar, yo no, que ahí es cuando te das a la heroína –bromea, o no tanto– yo quiero seguir con mi vida, trabajar mucho y volver por la noche y dormir, y ya está”. Esos son sus placeres mundanos, fijaos. La felicidad tiene que parecerse a eso.

El futuro

En diez años se ve escribiendo. En fin: que la paguen por escribir lo que a ella le gusta y todas esas cosas que, hoy, parecen imposibles. Ese es el reto. Y es algo que ya tenía muy claro de pequeña: “ser escritora”. Y con 7 años apuntaba maneras. Ahora, a las nuevas generaciones de futuros escritores, recomienda (con la autoridad que le otorga haber escrito un par de libros y con el desparpajo que la caracteriza) apuntarse a un reality de telecinco. O bueno, eso mismo soltó en una entrevista para el Diario de Burgos y bien que coló. Amén, Ainhoa, amén.  

Continua charlando sin parar. Ainhoa es una metralleta de preguntas y respuestas, recomendaciones, consejos y advertencias lacónicas (“compraros el abono de la Filmo, por dios, que es una ganga”). Y todo transcurre en décimas de segundo como un accidente bonito. En persona, son ella y sus tuits en vivo (@ainhoareb) disparándote muy de cerca. Es más, la última vez que quedamos, mismo sitio, mismo número de bebidas, se llevó un tweet apuntado en una servilleta. Y de momento hay Ainhoa para rato, al menos aquí, en Barcelona. “Salvo que  llegue la secesión y me deporten, yo quiero quedarme aquí. Madrid es demasiado divertida, pero en Barcelona hay más riqueza cultural. Creo que la gente no sale tanto de noche, porque los catalanes se dedican a leer todo el rato”. Reflexiona una milésima lo que acaba de decir y se reafirma en su sospecha.

Y, luego, se echa a reír. “Hablo en serio”. Ella, consumidora nata de cultura al 1000%, de las que pone "asistiré" a eventos de mil y un tipo, asidua al CCCB (cual perro por su casa), tiene claro el futuro de la cultura. “¿El futuro de la cultura? Sí, sí, lo tengo. Pero no es mío. La idea se la escuché a Beatriz de Moura (editora de Tusquets). Dice que la cultura va a ser gratuita, pero va a ser otro tipo de cultura. No va a haber más Nabokovs. Todo será más efímero, porque no hay tanto tiempo”. Después de soltarlo, se queda tranquila, nos mira a los ojos y añade un reconfortante: “pero, tranquilas, que todo saldrá bien”. Y así se acaba todo. Ainhoa es un torbellino, un disparate inspirador. Se despide y nos abraza. “¡Nos vemos en enero, que hay que petarlo contra la reforma del aborto!”. Se va a su tierra, a Santiago de Compostela, a pasar las navidades. ¿Os la imagináis en la cena de Nochebuena? Nosotras sí, y ojalá una Ainhoa en cada casa.

Recomendaciones 'gafapastiles'

Blogs/webs que sigue Ainhoa Rebolledo: El butano popular, no porque escriba ella –que también, pero no–. Aquí puedes leer infinidad de cosas que aún no se han inventado e  historias para no dormir de un puñado de autores (desconocidos para el gran público), pero la mar de majos ellos. Patrulla de salvación, esto es un blog que escribe un tal sargento Margaret (Ainhoa sostiene la teoría de que es un hombre) y son “historias de actualidad literaria, pero desde el punto de vista de vamos a salvar el mundo”. Entiéndanlo como quieran. Hikikomori, el blog del escritor segoviano Alberto Olmos.

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