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Los hombres que capturan síquieros

Los hombres que capturan 'siquieros'

Anna Pacheco y Andrea Gómez

Xavi Rubis y Ángel Almendros capturan los momentos especiales de las bodas

Consejo (sobre)saliente: No tener miedo, hay que ir a por todas sin preocuparte que digan los demás. Y si te caes, siempre puedes volverte a levantar, de todo se aprende.

Son Xavi, Angel; Angel, Xavi. Ha pasado media hora y todavía es difícil distinguir quién es quién, porque no callan, no se detienen ni a respirar. Hablan emocionados de lo que ellos llaman su pasión, “no es un trabajo”. Capturan momentos especiales en bodas bajo el nombre de EFEDOS. De ellos dicen que son sociables y habladores. Damos cuenta de ello. Les encanta el comer bien, así en mayúsculas, y las bodas son un buen lugar de degustación. En la última les sorprendieron con comida japonesa -cosas de la globalización, que no se detiene ni en ritos sagrados. Rompen el esquema del emprendedor, ni móvil, ni internet, su gran drama sería vivir sin una cámara cerca. Algo lógico cuando desde los ocho años andan pegados a ella.

La historia

La historia empieza en una gasolinera. Rebobinemos, antes que parezca el guión de una película de serie B. Son hijos de fotógrafos de boda, sí, los dos. Pero en formato y formación distinta. El padre de Ángel era un fotógrafo de los de toda la vida, de los de varios trajes en el armario, cámara, coche y aparecer el día de la boda en la puerta de la iglesia. De vez en cuando se llevaba al niño, que resulta que le salió con más propensión a enfocar y disparar que no a chutar el balón. Así con 8 años, Ángel con su traje de primera comunión se colaba junto a su padre, e iba de mesa en mesa pidiendo a la gente que sonriera. “Debe ser el hijo de la Carmen”, pensaba la gente. Luego esas fotos estaban en el álbum oficial. Un poco más crecidito empezó a trabajar de forma seria junto a su padre, pasaron a ser dos.

Xavi cuenta en su haber más de 1.000 bodas, lo dice sonriente, y como si fuera muy normal encontrarse un hombre con tal bagaje en blondasramos y besos ante el altar. Hijo de fotógrafo también, pero en este caso de empresario de fotografía de bodas. Que son palabras mayores. Lo que el propio hijo denomina “una empresa de batalla, de hacer dinero”. Y si hay dos bodas un mismo día se hacen, que las cuentas lo agradecen. Y en una de esas bodas uno de los fotógrafos se rompe una pierna. Y desesperación. Llamada de teléfono, ¿y quién está al otro lado? Ángel. Y un “te necesito mañana con tu cámara”. Y al ser uno de Alella y el otro de Sabadell, esto les obligar a quedar para tomar el café en la gasolinera de la C-58 (¿se toman cafés en gasolineras?). Y cerramos la historia.

Romper esquemas

En esa mesa de taburetes enganchados en el suelo -¿os estáis imaginando la gasolinera, no?- en medio de la C-58 se habló de todo menos de la boda del día siguiente. Comparten muchas cosas, pero sobre todo el amor por hacer las cosas bien, los detalles, el querer hacer cosas distintas. Empiezan a trabajar juntos, al principio bajo el paraguas del padre de Xavi, lo que supone que uno trabaje para el otro. Y hacen bodas como a ellos no les gusta: reportajes clásicos, foto en la puerta de la iglesia, en el altar, y de parejas sentadas en la mesa con el plato de langostinos delante. Un aburrimiento. Pero empiezan a arriesgar un poco en algunas bodas. ¿Y si fotografiamos el beso del padre a su hija justo antes de entrar en la iglesia? ¿O los primos que se dan la mano durante la ceremonia? ¿O ese abrazo entre amigas mientras suena La Bamba?

Cierra la empresa del padre -otra más- y aquí por primera vez, cerrar negocio supone alas para otro. Empiezan juntos EFEDOS, y a principios del 2012 tienen su primera boda. Y desde entonces no les ha faltado trabajo, han hecho unas veinte bodas, y porqué no hay más fines de semana al año. Y para el que viene todo completo. Quieren que las parejas les busquen porque son diferentes. No son fotógrafos al uso, son unos invitados más pero con un objetivo más grande. No entienden los fotógrafos que se quejan de esta nueva generación donde todo el mundo es fotógrafo (hola, Instagram). A ellos les encanta que todo el mundo pueda retratar sus momentos. Y son de los que en mitad de una boda dejan el camarote a un lado para coger el iPhone de la cuñada, hacer la foto de grupo y poner el filtro X-Pro II.

Amigos de los novios

Viven cada boda como si fueran la propia. Conocen a los novios a la perfección, acaban siendo sus amigos, sus terapeutas. “Cuando nos vienen a ver las parejas no encuentran dos comerciales, dos empresarios, somos Ángel y Xavi y lo mejor es que acabamos siendo muy amigos”. Tienen por costumbre hacer grupos de Whatsapp con los novios. Y Ángel cuenta sin sorpresa cómo una novia el día antes de casarse le escribía “Tengo que hablar contigo porque con Lolo no puedo, estoy muy nerviosa”. Y comparten los preparativos desde el inicio. Cuentan que en los preparativos de una boda la última reunión se alargó tanto que acabaron pidiendo una pizza con los novios. Como viejos colegas. Durante la celebración son los que están más en contacto con ellos, saben cómo está yendo todo, si falla algo, como andan los nervios, se guiñan los ojos, se dan fuerza. Y esa tranquilidad, ese no sentirse modelos de catálogo de supermercado luego se ve reflejado en las fotos. En la última boda, la de Ivan y Javi, llegaron a casa a las 11 de la mañana. Los novios cogieron un micro en mitad de la celebración y “Xavi y Ángel, si no se vienen de fiesta no les pagamos”. Cámaras guardadas y corbata atada a la cabeza.

Hay alguien más en el equipo: Adrià Ghiralt, 23 años. Él se encarga de los vídeos, pero no de esos de 3 horas que luego nadie vuelve a ver nunca más. Sino una mini película de 20 minutos, con música de The XX o cualquier cosa moderna y momentos y recuerdos de la boda. Y es que en cada una de ellas intentan innovar. Están muchas noches -entre Nestea y Nestea- pensando cómo mejorar, cómo cambiar y adaptarse a esa nueva pareja de enamorados que ha llegado a la oficina.

Felicidad en un negativo

Y los padres no caben de orgullo. Al principio con negocios similares cerrados se echaban las manos a la cabeza. Pero el tiempo les ha demostrado que hay otras formas de hacer. Ángel cuenta que ahora su padre está viviendo una segunda juventud. Le enseña como disparar sin flash o los juegos que se pueden hacer sin luz o incluso ¡que se pueden hacer fotos sin posar en el jardín! Y es que no se pierde ni una. En más de una boda han visto como a la una de la mañana llegaba el padre de Ángel a echar una mano, bueno, y a gozar del trabajo de estos dos jovenzuelos. Esos mismos que dejaron la Nintendo y el balón por perseguir a sus padres con una cámara que, en realidad, nunca fue de juguete. Pero ahora sí juegan, juegan a pasar 12 horas de fiesta con gente que es muy, muy feliz. Y todo para que esa felicidad quede plasmada en un negativo.

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