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El horizonte político

Un escenario deseable para el 2015

Antonio Sitges-Serra

En el plazo de dos años, el país podría superar la mayoría de los grandes retos que ahora tiene ante sí

«En la historia de España, los separadores han precedido a los separatistas».
Luis Moreno

De aquí a dos años tendrán lugar las elecciones legislativas más trascendentes de la democracia. Están en juego la credibilidad de España y el prestigio de la política. Mientras tanto...

1. El Rey habrá abdicado en su hijo en Felipe. A don Juan Carlos le resulta cada vez más difícil cumplir con sus compromisos; pero la salud no es la razón por la que el Monarca se retira a su escorial. Asume que su cometido ha acabado y que España enfila una segunda regeneración moral y política para la que hacen falta nuevos ánimos y sangre joven. En su hijo está depositada la confianza de la Casa Real; retiene aún cierto carisma y se ha codeado con la élite política mundial con discreción y cortesía.

2. En Catalunya la consulta ha fracasado; o bien no llegó a celebrarse o lo hizo en un clima crispado en torno a una pregunta inaceptable para más de la mitad de los catalanes. El callejón sin salida en el que se adentraron Mas y Junqueras se ha vuelto oscuro y solitario. CiU se encuentra al borde del abismo electoral y a un tris de desaparecer. Algunos de sus notables ya han abandonado el barco. ERC pierde su razón de ser. Ciutadans recoge los despojos del PP y crece. La izquierda federalista remonta. Muchos catalanes se sienten traicionados, pero se adhieren a la realpolitik y aceptan negociar un nuevo estatus para Catalunya que no implique cambiar la senyera de Jofre El Pilós por la estelada mesiánica.

3. Noviembre del 2015: elecciones legislativas. La anémica recuperación económica no alcanza a beneficiar a las clases medias. Minado por los casos de corrupción, el PP recibe un castigo en las urnas. El PSOE -que ha abandonado el jacobinismo como abandonó en su día el marxismo- gana sin mayoría absoluta. El voto se fragmenta y el país se encuentra en una situación económica, política y educacional crítica. El sentido común y la imperiosa necesidad de abordar unidos el mal paso por el que atravesamos se impone a los intereses de partido. La nueva hornada de políticos el Congreso pacta un gobierno pluripartidista de concentración -al estilo de lo que sucede en Alemania desde el 2005- presidido por el PSOE. Don Felipe promueve y bendice el acuerdo, y los ciudadanos, admirados, otorgan un voto de confianza a las instituciones del Estado.

4. En la agenda política una cuestión prioritaria: la reforma constitucional. Aborda dos temas apremiantes: la regeneración democrática y la política territorial. Se constituyen sendas comisiones con profundo sentido de Estado. La insostenible desafección política obliga a: 1) nueva ley de partidos y su financiación, 2) suspensión de la disciplina de voto, 3) listas abiertas y 4) elecciones primarias obligadas.

5. La cuestión territorial se trata con generosidad, amplitud de miras y con ánimo de encontrar una solución que aspire a ser definitiva. No puede ser otra que la federalización de España. Compartir el poder, evitar duplicidades, adelgazar la Administración, asegurar políticas sociales de alcance universal y reequilibrar las políticas fiscales entre las autonomías con especial consideración hacia las nacionalidades históricas. El Senado se convierte en el foro de representación territorial. Los senadores no se escogen por provincias.

6. Se convoca a la ciudadanía a un referendo en el que se aprueba la reforma constitucional por amplia mayoría a pesar de las reticencias del nacionalismo populista y de los republicanos de la élite intelectual. El ambiente en la calle es festivo. La unidad entre los partidos para sacar al país del profundo impase en el que se encuentra empieza a dar sus frutos y es celebrada por el pueblo que se manifiesta. En Europa, el país comienza a recuperar la credibilidad perdida por tantos rifirrafes, tanto ladrillo malo y tantos informes Pisa desfavorables.

7. La política recupera la agenda social y pone a los mercados en su sitio. Visto lo visto, el neoliberalismo cede terreno: los ciudadanos no van a permitir nunca más que las decisiones sobre su presente y su destino se tomen en los despachos de la banca o de las multinacionales. Con ello se pone coto, entre otras cosas, a la medicalización social y se pacta una cartera de servicios sanitarios mínimos sostenible y común a todos los españoles; estos, a su vez, asumen más responsabilidad en la gestión de su salud. Repunta la natalidad y, por primera vez en muchos años, la edad materna del primer parto desciende.

Nos quedan dos años para que se hagan posibles muchos sueños. Vamos allá.

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